El hombre que atravesó gobiernos, partidos, ideologías y alianzas con la facilidad de quien cambia de carril en una avenida vacía, (Sería como el Patricia Bullrich hombre), ahora apareció con una propuesta que haría cagarse de risa hasta el mismísimo Juan Bautista Alberdi. Quiere que el Congreso anule la condena del Poder Judicial contra Cristina Kirchner.
La idea tiene un encanto peculiar. Según esta novedosa doctrina constitucional, cuando un fallo judicial no le gusta Pichetto (A) «Ahí lo tenés al pelotudo…», ni a Cristina Kirchner, en lugar de apelarlo se puede mandar al Parlamento a pasarle una goma de borrar, Total, ¿para qué carajo complicarse apretando a los jueces, expedientes y sentencias cuando se puede resolver todo a mano alzada o a mano ensobrada, o mejor aún ¡en Bitcoins como Adorni (A) «Ahí lo tenes al Re Re Re pelotudo)!
Pichetto (A) «Ahí lo tenés al pelotudo», sostiene que existe una “gravedad institucional” porque Cristina fue dos veces presidente y una vez vicepresidente. El razonamiento ¡es espectacular!. Bajo esa lógica, cuanto más poder tuvo un dirigente, menos debería responder ante la Justicia, una especie de programa de beneficios VIP para exmandatarios, «acumule cargos y canjee condenas y millas»
Lo más llamativo no es la propuesta, lo más llamativo es el protagonista.
Pichetto (A) «Ahí lo tenés al pelotudo», parece haberse convertido en un mapa de esos que uno compraba en el Automóvil Club para llegar a Mar Del Plata, y te ubicaba el balneario Punta Mogotes en Oceanía. Cuando uno cree que Pichetto (A) «Ahí lo tenés al pelotudo» va rumbo al norte, recalcula y aparece en el sur, cuando parece liberal, reaparece peronista., cuando parece opositor, amanece dialoguista, cuando parece dialoguista, se transforma en defensor de aquello que puteaba.
Tanto cambió, que fue candidato a Vicepresidente de Juntos Por El Cambio con Macri. Su trayectoria política es tan zigzagueante que los historiadores necesitan Google Maps para seguirla.
Ahora nos invita a creer que el Congreso puede revisar fallos judiciales por razones de “gravedad institucional”. Una teoría que seguramente produce escalofríos en cualquier estudiante de primer año de Derecho y carcajadas en cualquier profesor de Constitucional.
Si prosperara semejante invento, el próximo paso sería sencillo, el Senado podría revisar penales mal cobrados, la Cámara de Diputados corregir partidos perdidos y una comisión bicameral decidir si llueve o sale el sol. La división de poderes quedaría reducida a una sugerencia decorativa.
Lo cierto es que Pichetto (A) «Ahí lo tenés al pelotudo», parece haber encontrado la fórmula perfecta para mantenerse vigente, sorprender incluso a quienes creían haberlo visto todo, y eso tiene mérito. En nuestra amada Argentina donde la inflación, las crisis y los escándalos políticos ya no asombran a nadie, lograr que la gente abra los ojos y pregunte “¿Pichetto (A) «Ahí lo tenes al pelotudo»…dijo qué?” sigue siendo una proeza. Tal vez ese sea su verdadero talento, no construir una doctrina jurídica, sino demostrar que, en la política argentina, siempre existe una vuelta más de la calesita, sobre todo después de haber ido a chupar pantymedia al departamento de Cristina Kirchner.

