Con una extensa costa marítima, abundantes recursos hídricos y una importante producción de granos, la Argentina tiene una enorme oportunidad para desarrollar la acuicultura, es decir, la cría de peces y otros animales acuáticos. Sin embargo, todavía no aprovecha todo ese potencial. Mientras Chile produjo 1,4 millones de toneladas de animales acuáticos cultivados en 2024 y Ecuador alcanzó los 1,2 millones, la actividad argentina sigue muy por debajo de esos niveles, pero tiene una gran oportunidad. Así lo dejó entrever Lucas Maglio, ingeniero en acuicultura y Country Manager de Grupo Mar Andino en el país, quien destacó que la Argentina tiene recursos y conocimientos para aumentar considerablemente su producción.
“El país posee condiciones extraordinarias para desarrollar acuicultura a gran escala en su plataforma marina”, aseguró el especialista, que disertará este jueves en el Congreso de Nutrición Animal de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (Caena), en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
La diferencia con otros países de la región es considerable. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Brasil produjo alrededor de 900.000 toneladas de animales acuáticos cultivados en 2024. Chile, por su parte, desarrolló una de las principales industrias de salmón del mundo, mientras que Ecuador se convirtió en un importante productor de camarones. En Brasil, la actividad se concentra principalmente en la cría de tilapia y otras especies de agua dulce.
Para Maglio, el desarrollo de estos países muestra cuánto podría crecer la actividad argentina. “La diferencia permite dimensionar, más que nuestro atraso, la magnitud de la oportunidad que tenemos por delante”, sostuvo.
Aunque la acuicultura todavía tiene una escala reducida en la Argentina, los últimos datos muestran un crecimiento en el uso de alimentos destinados a esta actividad. Según el Coeficiente Equivalente Alimento (CEA), elaborado por Caena, fue el sector que más aumentó la utilización de alimentos balanceados durante 2025, con una suba del 27,6%. El volumen pasó de 12.175 a 15.540 toneladas, impulsado, entre otros factores, por el desarrollo de la producción de trucha arcoíris en la cuenca del río Limay, principalmente en Río Negro y Neuquén.
A nivel mundial, la acuicultura es una de las actividades de producción animal que más creció durante las últimas décadas. En 2024, la producción global de animales acuáticos cultivados superó los 100 millones de toneladas, con China como principal productor.
Una de las ventajas que destacó Maglio es que los peces pueden transformar el alimento que consumen en proteína animal de manera eficiente. Esto se debe, en parte, a que no necesitan gastar energía para mantener constante su temperatura corporal, como ocurre con los mamíferos. “En la salmonicultura moderna, por ejemplo, puede necesitarse poco más de un kilogramo de alimento para producir un kilogramo de pez”, explicó.
A esto se suman los avances tecnológicos que permiten mejorar la producción. “Actualmente existen cámaras submarinas con inteligencia artificial capaces de monitorear miles de peces, estimar su biomasa y analizar su comportamiento para regular automáticamente la alimentación”, señaló. Estas herramientas permiten ajustar la cantidad de alimento que reciben los animales y mejorar el manejo de los establecimientos.
Para Maglio, el crecimiento de la acuicultura también podría abrir nuevas oportunidades para la agroindustria argentina, especialmente para los productores de granos y las empresas que elaboran alimentos balanceados.
Según detalló, Chile, Ecuador y Brasil consumen en conjunto más de cinco millones de toneladas anuales de alimento balanceado para acuicultura. Buena parte de las materias primas que se utilizan para elaborarlo son productos que la Argentina genera en grandes cantidades, como soja, maíz, trigo, girasol y sus derivados.
En ese sentido, el especialista planteó una contradicción. “Mientras el país exporta materias primas que se utilizan para alimentar peces en Chile, importa miles de toneladas de salmón producido en ese mercado”, señaló. Por eso, consideró que “la oportunidad consiste en avanzar hacia el eslabón de mayor valor: producir nosotros mismos proteína acuática”.
Además, explicó que los cambios en la alimentación de los peces amplían las posibilidades para la agricultura. Durante años, las dietas acuícolas dependieron en gran medida de la harina y el aceite de pescado. Sin embargo, los avances en nutrición permitieron incorporar otros ingredientes. “Las dietas modernas redujeron su dependencia de la harina y el aceite de pescado gracias al desarrollo de proteínas vegetales, aceites, aminoácidos, algas y otros ingredientes”, indicó.
De esta manera, una mayor producción de peces en la Argentina también podría generar más demanda de materias primas agrícolas y alimentos balanceados elaborados en el país.
Maglio destacó que la Patagonia reúne condiciones favorables para desarrollar nuevos proyectos, tanto por sus recursos hídricos como por las posibilidades de aprovechar energías renovables. También mencionó que un estudio técnico de la FAO identificó un elevado potencial para la acuicultura marina en aguas argentinas, incluso mediante sistemas instalados mar adentro.
Sin embargo, las ventajas del país no se limitan a sus recursos naturales. El especialista señaló que la Argentina también cuenta con experiencia en la industria pesquera, infraestructura agroindustrial y conocimientos desarrollados por universidades, organismos científicos y empresas vinculadas con la alimentación, la genética y la biotecnología.
“Argentina no necesita construir esta industria desde cero”, sostuvo Maglio. A su entender, el principal desafío es reunir esas capacidades para atraer inversiones y desarrollar proyectos de mayor escala.
Para el especialista, el país tiene las condiciones necesarias para aumentar su producción de peces y otros animales acuáticos, pero todavía necesita convertir esas ventajas en emprendimientos que permitan desarrollar la actividad. “Quizás haya llegado el momento de comenzar a mirar también hacia el agua”, concluyó.

