La Iglesia, que durante años habló en voz baja, ahora parece haber decidido dejar de rezar en silencio y empezar a pasar facturas terrenales a las autoridades nacionales, comenzando por el Presidente. Rossi, jesuita, cordobés y con el tono pausado de quien parece estar confesando pecados ajenos, terminó disparando una frase que dejó flotando un silencio incómodo: “Sería interesante saber qué hay dentro del corazón del presidente”.
La frase no fue casual. Llegó en medio de denuncias por recortes en hospitales universitarios, caída de fondos educativos y reducción de cobertura médica para jubilados. Y ahí es donde el conflicto deja de ser económico para convertirse en moral. Porque cuando un arzobispo empieza a hablar del “corazón” presidencial, ya no discute números, está cuestionando el sentido de humanidad discute del Presidente y su gobierno.
El Gobierno insiste con la motosierra como símbolo de orden fiscal y disciplina económica en los gastos. Pero desde la Iglesia aparece el arzobispo de Córdoba Angel Rossi declarando que «»Detrás de los números también hay personas, jubilados que no llegan a comprar remedios, hospitales al borde del colapso, familias enteras dependiendo de comedores y asistencia estatal»».
Rossi no nombró directamente a Milei en cada frase, pero nadie necesitó subtítulos. El mensaje fue clarísimo, «»No queremos una Argentina donde el equilibrio fiscal tenga más valor que la dignidad humana»».
Y mientras el Presidente sigue hablando de “casta”, “planeros” y “degenerados fiscales”, desde Córdoba apareció una voz eclesiástica preguntando algo mucho más incómodo, cuánto ajuste puede soportar un pueblo antes de que se le enfríe el alma.

