Hablar de economía argentina, es una actividad paranormal, porque en Argentina la plata desaparece, y después hacemos una comisión para investigar quién vio el fantasma.

Aparecieron cuatro propuestas económicas de la mano del ya candidato a presidente del peronismo Axel Kicillof, que llevó para presentar en la capital del capitalismo mundial.
La primera: derogar la reforma laboral. Perfecto, si algo caracteriza a Argentina es tener un mercado laboral tan eficiente y en blanco. Ahora vamos a concentrarnos en que la charla sea todavía más interesante: ¿Cómo generamos empleo?
Facilitando la contratación.
¿Y si hacemos lo contrario?
¿Eso genera empleo?
No.
¡Excelente! Avancemos...¡Cristina libre!
Segunda propuesta: Abandonar el superávit fiscal.
Hermoso.
Argentina finalmente había conseguido gastar menos de lo que recauda……
y alguien dijo; “Che, muchachos, no nos entusiasmememos.”, el superávit fiscal pasó de ser una meta a convertirse en una enfermedad que hay que curar:
Doctor, tengo superávit.
¿Desde cuándo?
Hace meses.
¿Y tiene déficit?
No.
¡Por Dios! ¿Cómo puede vivir así?
Entonces aparece la solución; volver al déficit….
¡Qué alivio!, es como estar saliendo de un incendio y decir,“Pará, que todavía nos queda una pieza sin prender fuego.”
Tercera propuesta, volver a subsidiar las tarifas.
¡Fantástico!, pagamos menos, el Estado paga más, y todos contentos.
Bueno, todos menos el que suma y resta, alguien inevitablemente pregunta; ¿Quién paga el subsidio?
El Estado.
¿Y de dónde sale?
De la plata del Estado.
¿Y si no alcanza?
Déficit.
¿Y qué hacemos con el déficit?
¡Lo habíamos extrañado!
Es un sistema espectacular, vos pagás una tarifa barata, el Estado paga la diferencia, el Estado se endeuda, y dentro de un tiempo la factura llega con una nota: “Gracias por participar.”
Y llegamos al cuarto punto, “Shock distributivo”.
Me encanta el nombre, suena como si la economía hubiera sufrido una descarga eléctrica.
¿Qué pasó?
Shock distributivo.
¿Se recupera?
Sí.
¿Cómo?
Sacándole plata a alguien.
No es un shock de productividad.
No.
Porque producir es una actividad bastante sospechosa, tampoco inversión.
Mucho riesgo.
La solución es: redistribuir.
¿Y qué vamos a redistribuir?
Plata.
¿Cuál?
La de los contribuyentes.
¿Y después?
Se la damos a la gente.
¿A qué gente?
A la gente.
¿Toda?
Bueno, ahí aparece el Ministerio de la Gente.
El modelo es fascinante, te cobro 100, gasto 80 y después te devuelvo 30.
¿Pero de dónde salen esos 30?
De los otros 100.
¿Y si no alcanzan?
Déficit.
Ah.
¡Ya entendí el modelo!
Las cuatro propuestas juntas parecen un viaje en el tiempo, derogamos, subsidiamos, Gastamos, redistribuimos, y cuando alguien pregunta cómo financiamos todo, miramos al techo.
El plan de Kicillof tiene una coherencia extraordinaria, si falta plata, ponemos subsidios. Si falta más plata, déficit. Si falta todavía más, impuestos, y si después falta crecimiento, otro impuesto.
Es una economía circular tal cual la imaginan Kicillof y Grabois, no de esas modernas, sustentables, es circular porque volvemos siempre al mismo lugar.
Argentina no necesita una máquina del tiempo, tiene presupuesto, cada gobierno promete llevarnos al futuro, y cinco minutos después estamos discutiendo cómo volver a 2012.
Y hay algo maravilloso en todo esto, cada vez que alguien dice, “Hay que redistribuir la riqueza”, uno pregunta, Perfecto.
¿Primero podemos generar un poco?
Silencio, el signo mas y el signo menos se desmayan, fin del programa económico. Pero tranquilos, siempre queda una solución. Si todo sale mal, hacemos una nueva reforma, y si la reforma sale mal, la derogamos, y si derogarla sale mal, hacemos otra reforma, y si esa también sale mal, convocamos una comisión.
La comisión presenta el informe, el informe recomienda otra comisión, la segunda comisión recomienda subsidiar la primera, la tercera propone un shock distributivo.
Finalmente alguien pregunta; ¿Cuánto costó?
Silencio, “No hablemos de cosas negativas.” Y así termina todo, con déficit, con subsidios, con impuestos, con una comisión, y una conferencia de prensa diciendo:
“Estamos sentando las bases para el crecimiento.”, Las bases, sí. Al edificio…
todavía no lo tenemos ¡ni en los planos!.

