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Diario Plural San Juan > Opinión > Las cuatro “P” que amenazan a la democracia
Opinión

Las cuatro “P” que amenazan a la democracia

Última actualización: 20 de agosto de 2026 12:50 am
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La democracia contemporánea goza de buena prensa y de mala salud: adoptada por casi todos los países como la forma de Estado que mejor protege los derechos de la persona y potencia su desarrollo, hoy enfrenta una importante crisis. No en vano Levitsky y Ziblatt titularon su célebre estudio Cómo mueren las democracias. Junto a ella, se encuentran en riesgo otros dos pilares del edificio común: el constitucionalismo y el humanismo.

La democracia, entendida como la elección de autoridades por mayorías a través de elecciones libres y transparentes, requiere del constitucionalismo para evitar que la regla de la mayoría se transforme en “tiranía de la mayoría”. Sin división de poderes, independencia judicial y sujeción de los gobernantes a la ley -el rule of law-, el sistema se erosiona vaciándose de contenido. En la base de este edificio late el humanismo, el cual exige reconocer la igual e inviolable dignidad de cada persona humana más allá de sus capacidades, riquezas o del rol que desempeña. Tal como lo ha manifestado el papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas la dignidad es un don que precede y excede al Estado y a sus leyes.

En la presentación de su último libro (Luces y sombras del sistema político argentino) el Dr. Alfonso Santiago advirtió respecto de la existencia de cuatro amenazas críticas, a las que denomina las “cuatro P”.

La primera de ellas es el populismo. Este fenómeno construye una legitimidad carismática que se pretende superior a las instituciones, invocando a un “pueblo” definido de modo que excluye sistemáticamente a una parte de la población. El daño del populismo es eminentemente institucional: erosiona los controles, desprecia la independencia judicial y busca la concentración del poder. Como señalara Montesquieu, “es una experiencia eterna que quien tiene poder siente la inclinación de abusar de él; por ello, es preciso que el poder frene al poder”.

La segunda amenaza es la polarización. No se trata del sano desacuerdo, oxígeno de la vida democrática, sino de su degradación en hostilidad abierta. En este escenario, la política se transforma en una guerra y el adversario en un enemigo al que hay que aniquilar (al estilo del homo homini lupus de Hobbes). Esta polarización afectiva destruye la trama de convivencia y tolerancia sin la cual las instituciones son solo letra muerta, convirtiendo cada elección en un asunto existencial y cada alternancia en una catástrofe.

La tercera es la posverdad. Aquí, la verdad se subordina a la emoción y a la conveniencia, a menudo amplificada por redes sociales y algoritmos que premian la indignación por sobre la exactitud. Cuando los ciudadanos pierden la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, el voto deja de ser una decisión libre para convertirse en un producto de la manipulación mediática.

Finalmente, la pobreza persistente que tiene un efecto corrosivo sobre la democracia. Más allá de ser un testimonio del fracaso de las políticas públicas, la pobreza alimenta círculos viciosos de violencia y falta de educación, afectando negativamente la consolidación del sistema.

Para defender nuestro sistema, debemos enarbolar cuatro escudos correlativos: fortalecer la institucionalidad frente al mesianismo populista; fomentar un centrismo capaz de buscar consensos y reconocer razones en el otro frente a la polarización; ejercer una libertad de expresión responsable y un periodismo riguroso contra la posverdad; y diseñar políticas públicas eficaces que generen condiciones reales de desarrollo humano integral contra la pobreza.

Como advertía Juan Bautista Alberdi en sus Bases, la política no puede tener miras diferentes de las de la Constitución. La mejor receta sigue siendo la de la honradez y la buena fe. La democracia constitucional es una conquista frágil que cada generación tiene el deber de proteger con lucidez, responsabilidad y esperanza.


Profesora e investigadora en la Universidad Austral




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