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Diario Plural San Juan > Opinión > En un mundial de la educación, Japón sería campeón y Argentina eliminada rápidamente
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En un mundial de la educación, Japón sería campeón y Argentina eliminada rápidamente

Última actualización: 11 de junio de 2026 4:32 am
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“Gracias, querido amigo, pero no es la idea que tenemos ni necesitamos para mi país”, la habría dicho en 1845 el entonces ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de Chile, Manuel Montt, a Domingo Faustino Sarmiento, que se encontraba exiliado en Santiago, cuando el sanjuanino le entregó su plan educativo que, luego de estudiarlo, el funcionario trasandino y luego presidente rechazó. Un tiempo antes, Montt le encomendó a Sarmiento estudiar los sistemas educativos de EE.UU. y Europa y elaborar un plan educativo para Chile. Sarmiento lo hizo viajando por EE.UU. y Europa, tomó nota sobre los modelos inclusivos liberales que buscaban cimentar los nacientes sistemas educativos en países que ya estaban ingresando a la Segunda Revolución Industrial. Algo tenían en común todos ellos: necesitaban del total apoyo y compromiso del estado para expandir sus sistemas educativos. Así nació De la Educación Popular, con la idea de construir un sistema para educar a todo el pueblo, sin excepciones. Montt lo rechaza porque creía que Chile necesitaba otro modelo, un sistema mixto con un circuito educativo para las elites y otro consagrado más a las instituciones religiosas destinado a los sectores populares. Por suerte Sarmiento tuvo revancha y, años más tarde, en 1869, siendo presidente argentino, comenzó a aplicarlo en nuestro país. Un modelo educativo plasmado 12 años más tarde en la Ley 1420 y que tuvo su apogeo durante el siglo XX.

A diferencia de otros países americanos, nuestro comienzo fue virtuoso, tuvimos el plan, las herramientas, la voluntad política y el convencimiento de desarrollar un modelo educativo inclusivo y de calidad que tuvo mucha influencia en los cambios sociales, las demandas populares desembocaron en la participación cívica de sectores medios y bajos que luego vertieron en el voto popular y dieron comienzo a la democracia participativa. Pero más de un siglo después, no lo supimos sostener. Desde hace más de tres décadas, progresivamente, comenzamos a perder la brújula. Argentina está estancada, vive en una anomia educativa permanente, tenemos leyes y normas con objetivos nobles que no se cumplen, leyes que terminan siendo apenas letra fría que no impacta en la responsabilidad de los gobiernos educativos. La educación es una de las víctimas más probadas de la prolongada crisis social y económica. Esto se acentuó en los últimos dos años con un gobierno nacional que se desentendió de gran parte de la responsabilidad en la gestión, agravado con un desinterés general por la marcha de la educación. Seguramente a los padres le interesa la educación de sus hijos, pero, ante tantos problemas sociales y económicos, la cuestión educativa no se encuentra entre las demandas principales que hoy están, y desde hace muchos años, en la economía, el desempleo, la inseguridad y la corrupción.

Pero sí nos interesa el fútbol, y hoy, con el comienzo del Mundial 2026, donde la Selección Argentina defiende su título de campeón, la atención de la opinión pública se vuelca masivamente a esos resultados deportivos. Y está muy bien, muchos esperamos el mundial como un recreo para nuestra atención y un “desenchufe” de los problemas cotidianos, y poder vivirlo con una pasión inigualable. Pero podríamos aprovechar esta competencia, donde hay representantes de todos los continentes, para analizar y comparar cómo nos podría ir en un hipotético “mundial de educación” si los resultados de calidad educativa fuesen los que determinen las posiciones en el torneo y no los resultados obtenidos en la cancha.

Estonia es el país de Europa con el mejor desempeño en las pruebas Pisa
Estonia es el país de Europa con el mejor desempeño en las pruebas PisaMinisterio de Educación de Estonia

Para este juego de comparaciones tomamos los resultados de las Pruebas PISA, elaborados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que mide la competencia de alumnos de 15 años en cuatros puntos: Inversión; Formación docente; Equidad y Orientación a la ciencia, la tecnología y la lectura crítica. Además, sumamos los últimos resultados de las pruebas que toma, ya en nivel primario, el LLECE (Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa) para tener una comparación con los países de la región.

Japón- que sería el campeón- y Suiza, jugarían la final del mundial de la educación, dejando a Canadá, Países Bajos, Bélgica, Nueva Zelanda, Reino Unido y Australia como protagonistas de los cuartos de final. Es que, en resultados de calidad educativa, estos ocho países se encuentran entre los 15 mejores del mundo encabezados por Singapur. Luego, en el top 10, le siguen Japón; Corea del Sur; Estonia; Suiza; Canadá; Países Bajos; Irlanda; Bélgica Y Dinamarca. Cinco de ellos no participan del mundial de fútbol.

Dentro de los países del hemisferio norte, que clasificaron al mundial, podríamos ubicar a todos los siguientes para las instancias finales, siempre siguiendo la lógica de ubicación en la tabla por resultados de inclusión y calidad educativa. En octavos de final, por estar por encima del promedio OCDE, ubicamos a: República Checa; Suecia, Alemania, Francia, España, Noruega, Estados Unidos y Portugal. Entre los que llegarían a dieciseisavos de final estaría Croacia, como único representante europeo. Ya en un juego más parejo, y bastante alejado de Croacia, el cuadro lo completarían Uruguay, México, Colombia, Brasil, Argentina, Jordania, Marruecos y Panamá. Lamentablemente, países que son potencia en el mundo del fútbol como el pentacampeón Brasil y el tricampeón Argentina, quedarían eliminados en esa instancia. Chile, que es el mejor ubicado en el ranking latinoamericano, no juega el mundial, por lo tanto, Uruguay sería el mejor de los representantes latinos, aunque tampoco le alcanzaría para avanzar y quedaría también eliminado en esa ronda donde su suman los países africanos, que no tienen medida para saber de su suerte como Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Egipto, Ghana, Marruecos, Senegal, Sudáfrica, Túnez y la República Democrática del Congo, y también Irak, representante de Asia, más los combinados de Centroamérica: Curazao y Haití. Todos ellos no participan de evaluaciones internacionales, aunque son países con problemas serios de inclusión educativa y quedarían relegados, sin chance de clasificar en la fase de grupos. De hecho, algunos pocos países como Ecuador, Paraguay y Senegal, participaron de una prueba piloto llamada PISA D, donde quedaron a más de 150 puntos del promedio general de rendimiento según el ranking 2022.

Mientras no exista una demanda masiva, exigente, hacia cualquier gobierno, la educación seguirá estancada

Es un juego, una comparación que permite saber qué importancia le dan a la educación y cuales son resultados que obtienen cada uno de los países que disputaran la Copa del Mundo de Fútbol, tomando en cuenta su realidad educativa, los alcances de cada sistema, su inclusión y su calidad para saber también qué posibilidades tienen los niños y jóvenes de esas naciones para desarrollarse y capacitarse en países que sí alcanzan logros deportivos y clasificaron a la cita máxima del fútbol. La mala noticia para nosotros es que la Argentina, el campeón defensor del fútbol, no pertenece al grupo de los más destacados, cuando hace 50 o 60 años sí lo estaba. Mientras no exista una demanda masiva, exigente, hacia cualquier gobierno, la educación seguirá estancada, la aguja que mide la calidad educativa necesita de un plan, de objetivos, de inversión, modernización, capacitación, pero también de un empuje y un compromiso de las familias. Alentemos y suframos por nuestra selección de fútbol, la pasión no entiende de razones, pero aprovechemos esta instancia deportiva para darnos un momento y obligarnos a pensar que la educación es la única salida hacia un futuro mejor. Depende de nosotros, saber demandar a tiempo, asumiendo que partimos desde un lugar que nos indica que cada vez estamos más lejos de celebrar con una vuelta olímpica obtenida, no por goles, sino por los magros resultados de nuestras escuelas.

Japoneses se arrodillan frente al Palacio Imperial de Tokio al momento en que el emperador Hirohito anuncia por radio la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el 15 de agosto de 1945
Japoneses se arrodillan frente al Palacio Imperial de Tokio al momento en que el emperador Hirohito anuncia por radio la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el 15 de agosto de 1945Kyodo News

Para el final, abrimos un párrafo para Japón, que sería el campeón mundial de la educación, pero para entender ese logro deberíamos viajar en el tiempo para ubicarnos en el final de la Segunda Guerra Mundial. En medio de una situación desesperante, en que los objetivos principales eran el recobro de la soberanía, lograda cuando culminó la ocupación de EE.UU. con la firma del Tratado de San Francisco en 1952, y el restablecimiento de una economía que atendiera incontables demandas, la educación también ocupó un lugar preponderante. Entre los gobiernos de los primeros ministros Shigeru Yoshida y Tetsu Katayama, luego de sancionada la Constitución democrática y aún bajo la dirección de las fuerzas de ocupación, existían diferencias, pero también desafíos comunes. La educación fue uno de ellos, así fue como se sancionaron la Ley Fundamental de Educación y la Ley de Educación Escolar, que fueron promulgadas en 1947 y que garantizaron inversión y políticas de estado que, con el tiempo, colocaron a Japón entre los países líderes en todo el mundo en cuanto a inclusión y calidad educativa.

Historiadores aportan que una pregunta estaba presente en cada reunión del nuevo gobierno: “¿Por dónde comenzamos?”, se inquirían los líderes japoneses de la posguerra ante un país devastado en todos los aspectos, y que aún sufría los resultados recientes de dos bombas atómicas. La respuesta fue inequívoca: “Por la educación, no nos puede ir mal si la priorizamos”. No se equivocaron.



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