En el Penal de Chimbas están tan obsesionados con los celulares que ya falta nomás que le hagan una requisa al loro PABLO EMILIO que está preso por puteador, porque seguro tiene un Samsung escondido bajo las plumas. Esto pasa después de años donde adentro de los pabellones había más señal que en pleno microcentro
Ahora el Servicio Penitenciario promete un “sistema inteligente” de inhibidores de señal, quieren que el interno apriete el botón del celular y el aparato quede más muerto que promesa electoral. Según explicaron, la nueva tecnología permitirá bloquear solamente los pabellones sin dejar incomunicado medio Chimbas, porque los sistemas viejos apagaban tanta señal que el vecino no podía ni pedir una pizza.
El director Carlos Suárez admitió, con una sinceridad digna de aplauso, que negar la existencia de celulares en el penal “sería ingenuo”. Y sí, bastante ingenuo. A esta altura, los internos tenían más líneas activas que un Movistar, más grupos de WhatsApp que una escuela primaria y probablemente mejor señal que varios barrios de San Juan.
La solución oficial parece salida de una mezcla de inhibidores sectorizados, teléfonos fijos controlados, registros de llamadas, monitoreo, escáneres y cabinas vigiladas. Básicamente, quieren convertir el penal en una especie de oficina pública con barrotes, donde para llamar a la familia, el interno va a tener más controles que un barra de pendejos intentando colarse a un cumpleaños de 15 en la Casa España de la década de los 70.
Y atención al detalle más hermoso de todos: van a volver los teléfonos semipúblicos con tarjeta. Sí, en pleno 2026 el sistema penitenciario descubrió una tecnología futurista que el resto del país abandonó hace veinte años. Falta que inauguren un locutorio con fichas y un cartel que diga “operadora larga distancia nacional con demora de 1 hora”.
Mientras tanto, las requisas siguen siendo diarias porque el ingreso de celulares es un deporte extremo. Según cuentan, algunos los tiran por arriba del muro, otros intentan meterlos en visitas y otros, vaya uno a saber dónde, los esconden. Si los huéspedes pusieran la misma creatividad para trabajar, San Juan tendría Silicon Valley en Chimbas.
El gran objetivo oficial es terminar con las estafas y las extorsiones telefónicas desde la cárcel. Porque durante años hubo delincuentes presos que manejaban más negocios desde la celda que varios emprendedores en LinkedIn, el ciudadano atendía el teléfono creyendo que era el banco, cuando en realidad lo llamaban desde un pabellón con aroma a humedad.

