En una esquina, Vicuña llega a la audiencia pública con la modestia de quien entra a un asado y dice, «Muchachos, yo solo quiero un pedacito de la línea eléctrica…»
Las otras empresas preguntan, ¿»Cuanto»?
Vicuña, «El 90% durante 25 años»……Silencio.
Un geólogo dejó caer el plato con una milanesa digna de exploración previa, otro ingeniero eléctrico se atragantó con una factura de energía, y una minera competidora empezó a buscar en Google: «Cómo generar 500 MW con una bicicleta fija».
La propuesta de Vicuña cayó en el ambiente con la sutileza de una topadora entrando a una biblioteca, el argumento que sostiene es que va a invertir miles de millones y que necesita garantías para recuperar la inversión, un argumento razonable. El problema es que las demás empresas escucharon la propuesta y entendieron algo parecido a: «La energía es para todos, pero nosotros nos quedamos con nueve carriles y ustedes vean cómo hacen con la banquina».
Las otras mineras reaccionaron como pasajeros que compran asiento y descubren que una sola persona reservó el 90% del avión porque llegó primero al mostrador.
«Pero tranquilos», dicen desde Vicuña, «no es monopolio».
«Claro» responden los demás, «y un elefante sentado en el sillón de un depto. de un ambiente tampoco ocupa todo el living».
Mientras tanto, el regulador mira el expediente como quien recibe el grupo de WhatsApp de una familia peleada por una herencia de 20.000 millones de dólares, cada empresa explica por qué su proyecto es estratégico, cada una asegura que genera empleo, cada una promete desarrollo, y cada una de las otras, casualmente, cree que la energía debería estar disponible para todos.
Es un hermoso ejemplo de cooperación minera, todos están de acuerdo en compartir, menos el que se siente dueño de la pelota. La discusión de fondo es sencilla, ¿Quién tiene derecho a enchufarse primero a la línea que puede definir el futuro minero de San Juan?
La respuesta corta es, ¡todos!, la respuesta larga es, todos, pero cada uno cree que debería ser él. Al final, la línea de 500 kV pasó de ser una obra energética a convertirse en el departamento 6 dormitorios 6 baños, con vista al mar en Miami, del que disfrutan algunos sanjuaninos afortunados. Todos quieren la energía, uno no quiere compartirla y cada interesado asegura que su oferta es la más razonable del mundo. Y así termina otro capítulo de la minería moderna, donde las peleas ya no son por el oro, la plata o el cobre, son por algo mucho más valioso, el enchufe.

