Agarrate fuerte porque José Peluc se sentó en una mesa de amigos y tiró una revelación tan explosiva que hasta Karina Milei se enteró; puede ser candidato a gobernador. ¿Confirmado? No. ¿Insinuado con la delicadeza de un camión sin frenos rumbo a un bazar? Ah, ahí sí, un anuncio tan sutil como un DJ de casamiento gritando «¡QUE SE BESEN!» sin que nadie se lo pida.
Mientras el resto de los políticos se disfrazan de intelectuales con biblioteca de fondo en los Zoom, Peluc directamente admitió que él es más receptor que emisor: le bajan línea y él la ejecuta sin cuestionar demasiado. O sea, el tipo es literalmente el Chat GPT de La Libertad Avanza en San Juan. Le decís «Peluc, encendé las luces» y el tipo va y prende hasta el sol si hace falta, nivel de obediencia que ni en el peronismo se ve. Es más dócil que un control remoto universal, apretás un botón y hace lo que el dueño de las pilas le ordene.
Consultado por el PRO, se puso en modo martillero filósofo y explicó que nadie quiere quedarse con una imitación cuando puede tener el producto original, como quien elige entre un documento auténtico y una copia trucha. Bravo, José, el PRO en San Juan es directamente esa fotocopia borrosa que sacás en la esquina, la que ni el kiosquero se banca cobrarte porque le da vergüenza ajena. Es como esa ropa que compraste en La Salada creyendo que te iban a aguantar un mes por lo menos, y a los tres lavados del cocodrilo se despegó y quedó pegado en el lavarropas.
Peluc quiere que el Banco Central deje de imprimir billetes como si fuera una impresora HP con la luz de «tinta baja» titilando hace 40 años, y en cambio se dedique de una vez a proteger el valor de la moneda, que es literalmente su trabajo. Su pedido es tan revolucionario como pedirle al semáforo que cambie de color, o exigirle a un salvavidas que, che, capaz, tal vez, salve gente. Básicamente, pedir que las cosas hagan lo que ya deberían hacer por definición, y la próxima genialidad es pedirle al termómetro que mida temperatura, o al gato que maúlle en vez de ladrar.
Sobre la Selección, tranquilidad total: nadie se ofendió, y hasta ofrecieron la Casa Rosada para festejar sin la presencia de Milei, algo así como prestar tu casa para el asado pero avisando que vos comés en la pieza. «Usen mi casa pero yo me quedo mirando por la ventana», ley non-committant nivel D-os. Y sobre Malvinas en redes, reconoció con una honestidad brutal que el fenómeno de las redes sociales ya es imposible de frenar, tan incontrolable como un carrito de supermercado con la rueda rota, vos querés ir para un lado y el algoritmo te lleva directo a la góndola de las papas fritas. Hasta el propio Gobierno le tiene miedo a un pibe de 16 años con la app de CapCut, y con razón, porque ese pibe edita más rápido que un noticiero de última hora.
Con Basualdo la amistad va más allá de lo político, pero cuando le preguntaron por una alianza concreta, Peluc hizo el clásico paso de none-committal que todos hacemos cuando un amigo nos pide plata prestada, dejando todo condicionado a que el rumbo del proyecto quede bien clarito. Traducción real: «te quiero mucho, pero como en Tinder, primero quiero ver bien el perfil completo antes de hacer match.»
¿Y el indulto a Cristina Kirchner?, cero posibilidades, por sagrado respeto a la división de poderes. Un compromiso institucional tan férreo que sorprende viniendo de un tipo que dos minutos antes admitió que su pensamiento funciona en modo «obedezco órdenes». Es como si el chef de un restaurante dijera «yo no elijo el menú, solo cocino lo que me dictan» y después te jurara que jamás le pondría gluten a un celíaco por convicción propia.
Para cerrar con broche de oro, arriesgó su pronóstico estrella: Milei se impone directamente en la primera vuelta de las próximas presidenciales, sin necesidad de ballotage, entrando triunfal a la Rosada, prácticamente en patineta, con música de Rocky de fondo y confeti cayendo como si fuera el Mundial de EE.UU.