Domingo a la noche. Festejos. Axel Kicillof acaba de ganar en la Provincia. Está contento, emocionado, ¡le ganó a Milei en su propio patio ideológico! Todo el equipo celebra…
Y de repente, como en esas películas de terror donde la vieja bruja aparece en el reflejo del espejo… ¡PATAPUFETE!…..Tuit de Cristina Kirchner
21:00 en punto. Ni un segundo más. Mientras Axel todavía estaba pensando que decir, Cristina ya había escrito 500 caracteres, puesto el moño y firmado el paquete como si el regalo fuera de ella.
«¿Viste Milei?», arranca la señora, como si estuviera en una pelea de barrio con el diariero y no en una elección provincial que ella ni organizó, ni caminó, ni acompañó, y boicoteó. Pero igual se colgó la medalla, como la nuera que no cocina nada en Navidad y después se saca la selfie con el vitel toné ajeno.
Y mientras Axel esperaba su turno para hablar, ella ya se había hecho la dueña del living, el comedor, el postre, y el micrófono del karaoke.
Y no conforme con eso, tiró la Postdata que da más miedo que un discurso entero de Aníbal Fernández en modo fentanilo:
“PD: Kirchnerismo y Peronismo… ¡Más que nunca!” , dando a entender que “Axel, vos sos el peronismo. Yo soy el kirchnerismo, y en esta relación política, vos lavás los platos y yo me saco la foto.”
Si hay algo que Cristina Kirchner sabe hacer, además de mirar por encima del hombro, es ningunear en 4K a sus aliados cuando les va bien y culparlos en HD cuando todo se prende fuego.
Y Axel, pobrecito, ni una mísera mención en el tuit para él. Nada. Cero. Invisible. Como si fuera el decorado. Como si lo hubiera inventado Marvel. Imaginate al tipo leyendo el mensaje, con el teléfono en la mano, pensando: “¿Hola? ¿Y mi nombre, señora? ¿Algún gracias, un sticker, un emoji de aplauso, algo?”. No, nada. Silencio. Como si fuera un delivery que llegó a tiempo pero no merece propina.
Y para que no queden dudas de que el ninguneo era con dirección y apellido, sale Mayra Mendoza a declarar: “Bueno, el triunfo fue multicausal.”, Multicausal = Axel no fue la causa. Fue como decirle: «Ganaste porque Mercurio está retrógrado y Cristina se despertó de buen humor.» Y mientras tanto, Máximo —hijo biológico— se pelea con Axel —hijo político— como si fueran dos primos enojados porque la abuela (Cristina) le deja todo a uno en el testamento.
Porque esa es la interna ahora: Una ex presidenta que se cree estrella de rock, un gobernador que no le dan ni para tocar la pandereta, y un hijo que quiere ser solista pero desafina hasta en la ducha, menos cuando cuenta billetes, ahi es lo más afinado que existe.
Y mientras tanto, Cristina sigue ahí, con su capa invisible de «yo siempre tengo razón», apropiándose del triunfo ajeno como si fuera la Susana Giménez del conurbano: sonriente, maquillada y diciendo «¡Yo lo hice!» aunque no haya estado ni en la reunión.
Axel barrió, acomodó, cocinó, sirvió, se bancó el boicot de los Kirchner, y ganó…Y Cristina se sacó la selfie con la mesa servida. Como siempre, el domingo pasado, la función termino con Cristina Kirchner aplaudiéndose a sí misma.

