¿Viste cuando comprás algo por internet y te arrepentís a los cinco minutos? Bueno, Griselda hizo lo mismo pero con el dinero de los sanjuaninos. Primero votó a favor de que el Concejo se lleve 4.000 millones de pesos (porque ser libertario es lindo, pero cobrar como peronista es mejor), y cuando el diputado José Peluc le pegó un grito que se escuchó hasta en la estratósfera, la mujer activó el modo «reversa» tan fuerte que casi rompe la caja de cambios.
Griselda logró estar en dos estados a la vez: Estado A: «¡Sí, dennos más plata para los sanguchitos y asesores!» (Votando con el peronismo de Gramajo). Estado B: «¡No, la austeridad es sagrada, viva la libertad carajo!» (Apoyando el veto de la intendenta Rodríguez). Científicos de todo el mundo están estudiando su cerebro para entender cómo no le explotó la cabeza al pasar de un bando al otro en menos tiempo del que tarda en hervir una pava.
Dicen que el diputado Peluc tuvo que explicarle —seguramente con dibujitos y crayones— que si sos de La Libertad Avanza, no podés andar votando aumentos de presupuesto que harían llorar de envidia al mismísimo Rey Sol. La orden fue clara: «O te hacés la austera ahora mismo o te buscamos el reemplazo en el cotolengo más cercano». Y Griselda, como buena alumna del oportunismo, obedeció moviendo la colita. En Chimbas ya no saben si ponerle la pechera de La Cámpora o el gorrito de «Make America Great Again». Pasó de ser la aliada estratégica de los peronistas a ser el «último bastión de la cordura» de la intendenta. Básicamente, es la camaleona de la política: cambia de color LO que tenga enfrente.