Los proveedores mineros de San Juan viajaron a Buenos Aires para hacer un hallazgo histórico. No encontraron cobre, oro ni litio. Descubrieron algo mucho más difícil de perforar; el Estado.
Los muchachos de CASEMI se sentaron con Federico Sturzenegger para pedir un milagro moderno, que llenar un formulario deje de ser una actividad de alto riesgo y que abrir un expediente no requiera la misma paciencia que esperar la secuela de «Esperando la Carroza».
Porque en Argentina sacar una tonelada de roca puede ser más sencillo que conseguir una firma en una oficina pública. La minería perfora montañas; la burocracia perfora la paciencia.
El planteo fue simple: menos papeles, menos sellos, menos certificados que certifican otros certificados y menos empleados preguntando si «trajeron el original del duplicado autenticado de la fotocopia».
Hay empresas capaces de mover excavadoras de 400 toneladas, pero quedan paralizadas porque falta el sello del escritorio número 17, que casualmente hoy no atiende porque la responsable está en una capacitación sobre cómo simplificar trámites.
El Estado argentino logró una hazaña extraordinaria, inventó un mineral más pesado que el plomo, y se llama expediente.
Y claro, mientras Chile, Australia y Canadá compiten por atraer inversiones, acá seguimos debatiendo si el formulario debe imprimirse en tamaño A4 o legal, con tinta azul o negra y tres copias certificadas por escribano, cura párroco y, si es posible, un testigo presencial del nacimiento de la empresa.
La reunión terminó con promesas de avanzar en la desregulación. Una excelente noticia… siempre que la autorización para desregular no tenga que pasar por catorce direcciones nacionales, ocho subsecretarías, tres mesas de entrada y un archivo perdido desde 1987.
En definitiva, CASEMI no pidió subsidios, ni privilegios, ni una mina de oro. Apenas solicitó algo revolucionario para la Argentina: que el Estado deje de comportarse como ese vecino que, cuando le pedís una escalera, primero te exige certificado de domicilio, libre deuda municipal, análisis de sangre y una foto carnet de la escalera.
Si la burocracia fuera un recurso natural, Argentina ya sería la primera potencia mundial, y eso sí que nadie podría discutirlo.

