La política argentina tiene un nuevo torneo: “¿Quién tiene más guita?”. No hay VAR, pero sí escribanos, contadores y declaraciones juradas.
El presidente Javier Milei declaró un patrimonio de $295,2 millones. Un 43,3% más que el año anterior. Tranquilos: no es que haya encontrado petróleo en Olivos… simplemente la matemática argentina tiene sus propios efectos especiales.
Pero si hablamos de billetera, hay alguien que juega en otra liga: Luis “El Patrón del Excel” Caputo. El ministro de Economía declaró nada menos que $19.509 millones, un 64,6% más que en 2024. Y como si eso fuera poco, el 68% de su patrimonio está en el exterior. O sea, mientras algunos argentinos tienen los ahorros abajo del colchón, Caputo parece tener el colchón en otro país.
Primer puesto del gabinete: Caputo, con $19.509 millones.
Segundo: Federico Sturzenegger, con $3.641 millones.
Tercero: Juan Bautista Mahiques, con $1.101 millones.
Y Milei, con sus $295,2 millones, queda séptimo entre los 13 funcionarios analizados.
La pregunta inevitable es: ¿qué pasó con los otros seis?, probablemente estén contando los billetes, y cuando terminen arrancamos con la segunda parte.
Y del otro lado del ring, la grieta también cotiza en bolsa. Del lado peronista, Máximo Kirchner declaró un patrimonio de $23.085 millones, leíste bien, veintitresmil ochenta y cinco millones. Entre sus bienes aparecen US$6,8 millones en depósitos, participaciones en Los Sauces y Hotesur y 27 inmuebles, veintisiete. Hay gente que tiene un departamento y ya se siente “inversor inmobiliario”, Máximo directamente parece estar jugando al Monopoly en modo profesional.
Después aparece Eduardo “Wado” de Pedro, con bienes declarados por $3.389 millones, un aumento del 141% en un año. Un tercio corresponde a honorarios jurídicos pendientes de cobro y casi $1.000 millones a su participación en una empresa agropecuaria. O sea, entre unos y otros, queda demostrado que en Argentina hay algo que nunca entra en crisis, la capacidad de nuestros políticos para tener propiedades, inversiones y números que al ciudadano promedio le hacen mirar el resumen de la tarjeta y preguntarse si puede pagar el colectivo.

