Luis Rueda confirmó que el Bloquismo va a acompañar el convenio entre San Juan y Vicuña, que este miércoles llega a Diputados. Antes, este martes, las comisiones se van a juntar para despejar las últimas dudas.
Sí, señoras y señores: hay reunión de comisiones antes de votar. Porque en política también existe el suspenso. No será una de Alfred Hitchcock, pero tiene su encanto.
El acuerdo viene con un numerito que, cuando uno lo mira demasiado tiempo, empieza a necesitar calculadora: hasta US$250 millones de aporte, más un 3% de regalías sobre el valor bruto de comercialización. Y desde el sexto año de producción, otro 1,5% para infraestructura.
O sea, hay tantos porcentajes que en cualquier momento aparece alguien preguntando si esto se firma con lapicera o poniendo la huella del dedo gordo.
Rueda dice que el Bloquismo ve el acuerdo con buenos ojos y que puede ser una oportunidad importante para San Juan. Y claro, en tiempos donde conseguir plata para obra pública parece una misión de Indiana Jones, escuchar “US$250 millones” hace que más de uno acomode la silla y preste atención.
Pero acá viene la parte interesante, la plata tiene que convertirse en obras. Porque decir “US$250 millones” queda precioso en una conferencia de prensa. Ahora hay que conseguir que esos millones no terminen haciendo una carrera olímpica desde el anuncio hasta vaya uno a saber dónde.
La idea es que los recursos puedan destinarse a agua, saneamiento, caminos, energía, salud, educación, viviendas e infraestructura productiva. Es decir, que algún día podamos mirar una obra y decir, —“Mirá, eso lo pagó Vicuña.”….., y no, —“¿Eso? Creo que estaba en el convenio.”
Uno de los temas que había generado dudas era la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de la empresa minera. El documento inicialmente no formaba parte del proyecto que analizaban los legisladores. Pero Rueda explicó que ya fue puesto a disposición de los diputados y que puede ser consultado públicamente.
Así que una preocupación menos. El famoso papel apareció. Y en la administración pública, cuando aparece un documento importante, casi corresponde llamar a los bomberos para apagar la celebración. También se discutieron los mecanismos de control sobre la empresa y el cumplimiento del acuerdo. Según Rueda, los ministros respondieron las consultas de las distintas comisiones.
Ahora queda una cuestión menor: que después los controles realmente controlen. Vigilar en el papel es facilísimo, lo difícil es controlar cuando aparecen los millones, las obras, los contratos y todos esos simpáticos personajes que suelen descubrir que la palabra “transparencia” tiene muchas interpretaciones. Y después está Iglesia, el departamento directamente relacionado con el proyecto.
Desde el Bloquismo plantean que la comunidad debe ver beneficios concretos, mejores servicios, más infraestructura y nuevas oportunidades laborales. Porque si la minería llega, produce, genera recursos y al vecino de Iglesia no le entra el progreso prometido por los ojos, alguien va a preguntar: “¿Y mi parte del desarrollo dónde está?”
Por eso, el Bloquismo anticipa que acompañará el convenio, aunque insiste en que hay que analizarlo con responsabilidad y controlar cómo se utilizan los fondos. En resumen. hay dólares, hay porcentajes, hay comisiones, hay ministros, hay preguntas y hasta apareció la DIA.
Ahora falta lo más fácil, hacer que todo eso termine convertido en obras y no en otra colección de promesas con moño, porque aprobar un convenio lleva una votación, hacer que los US$250 millones se vean en San Juan, ahí empieza la verdadera película.

