En la cordillera sanjuanina apareció un nuevo yacimiento. No es cobre, no es oro y tampoco litio. Es algo mucho más valioso para las grandes corporaciones: una oferta más barata.
Según cuentan los pasillos mineros, el nuevo campamento de Vicuña, ese hotel cinco estrellas para 2.000 trabajadores en plena montaña, habría quedado en manos de una empresa china que llegó a la licitación con una calculadora tan afilada que dejó a los competidores locales mirando el Excel como quien mira la factura de la luz.
Los proveedores sanjuaninos entraron a la competencia armados con experiencia, conocimiento del terreno, personal local y años de trabajo. PowerChina, en cambio, habría entrado con algo mucho más peligroso: precios.
Y ya sabemos que en el capitalismo moderno la experiencia sirve mucho, siempre y cuando no haya alguien dispuesto a hacer lo mismo por la mitad.
Las versiones indican que los oferentes locales tenían ventajas técnicas. Pero cuando llegó el momento de abrir los sobres económicos, la diferencia fue tan grande que los números comenzaron a emitir sonidos de sirena.
Los empresarios sanjuaninos quedaron como esos vecinos que juntan monedas para comprar un Fiat usado y descubren que están participando de una carrera contra Elon Musk.
Desde CAPRIMSA explotó el malestar. Y con razón. Competir contra una multinacional respaldada por la segunda economía del planeta es más o menos como presentarse a un combate de boxeo con una ojota mientras el rival llega manejando un portaaviones.
La discusión de fondo es fascinante, a las pymes locales les dicen; «Compitan», Y ellas preguntan: «¿Contra quién?», «Contra una corporación estatal china», «¿Y qué armas tenemos?», «Entusiasmo», «¿Y ellos?», «Miles de millones de dólares», «Ah…»
Mientras tanto, los empresarios sanjuaninos explican que «esto es el libre mercado, un concepto maravilloso que en el caso de la construcción de Vicuña consiste en enfrentar a un almacenero de Rawson contra una empresa con más presupuesto que algunos países europeos, la escena es digna de una película».
De un lado, empresarios sanjuaninos calculando costos con una calculadora Casio, del otro, un ejército de financistas internacionales desembarcando como para provocar terremotos en Wall Street. Y en el medio aparece la gran pregunta de los empresarios de la construcción y de los proveedores mineros sanjuaninos, que Vicuña no logra responderles, «¿Cuánto derrame económico queda en San Juan cuando el negocio principal se lo lleva una compañía que viene de 19.000 kilómetros de distancia?».
Otro caliente, perteneciente al mundo de la metalurgia dice «Una cosa es atraer inversiones y otra muy distinta es convertir a los proveedores locales en espectadores VIP del desarrollo económico, que mierda es lo que no entienden?». Por ahora, la novela sigue abierta, la empresa minera sostiene que aún hay detalles por aclarar sobre el proceso, pero en San Juan otro caliente del mundo de la gastronomía descartable comenta que «Ya con Vicuña circula una enseñanza empresarial que la tenemos que aprender para las futuras licitaciones, antes de preparar una propuesta, averigüen si van a competir contra una multinacional china. Si la respuesta es sí, ahórrense el papel, el tóner y el psicólogo.»

