En un confuso episodio donde el equilibrio brilló por su ausencia, un intrépido vecino del barrio Los Olivos decidió demostrarle al mundo que las dos ruedas y el Malbec sí pueden ir de la mano, aunque el resultado final demostró lo contrario.
El sujeto en cuestión pedaleaba alegremente por las inmediaciones de la plazoleta local cuando, de repente, la gravedad (o quizás el equivalente a una bodega entera en las venas) se ensañó con él. Perdió el control de su poderoso corcel de metal y terminó «durmiendo la siesta» directamente sobre el frío y duro cordón de la calle, simulando estar desvanecido o, más bien, meditando sobre las malas decisiones de la vida.
Lo que parecía un simple tropiezo resultó ser un récord olímpico de la irresponsabilidad: las malas lenguas (y los análisis preliminares) aseguran que el hombre circulaba con 2,34 gramos de alcohol en sangre. Para que te des una idea, a esa altura el sujeto no solo no veía la bicicleta, sino que probablemente veía tres calles superpuestas y a Papá Noel saludándolo desde la plaza.
Por suerte, y milagrosamente, el ciclista no sufrió heridas de gravedad (el alcohol actúa a veces como un airbag invisible), aunque su dignidad sí quedó severamente dañada. Las autoridades locales todavía están tratando de descifrar cómo hizo para subir a la bici en primer lugar, mientras que los vecinos proponen declararlo «monumento al equilibrio fallido».
¡La próxima vez, mejor caminá o pedite un taxi, campeón!

