WASHINGTON.- Fue un encuentro en la Casa Blanca que duró mucho más de lo esperado, bajo un estricto hermetismo, con revelaciones sobre conflictos internacionales y que arrojó algunas señales de distensión entre los presidentes de las dos mayores potencias del continente. Donald Trump recibió este jueves durante casi tres horas a Luiz Inácio Lula da Silva para limar asperezas y apuntalar una relación que, con altibajos, ha estado marcada por tensiones de todo tipo por las fuertes diferencias ideológicas entre los líderes de Estados Unidos y Brasil.
“Acabo de concluir mi reunión con Lula, el muy dinámico presidente de Brasil. Discutimos muchos temas, incluyendo el comercio y, específicamente, los aranceles. La reunión transcurrió muy bien. Nuestros representantes tienen previsto reunirse para discutir ciertos elementos claves“, señaló Trump -el primero de los dos en pronunciarse- a través de su red Truth Social. ”Se programarán reuniones adicionales en los próximos meses, según sea necesario», añadió.
Poco más tarde, Lula habló con los periodistas en la embajada brasileña en Washington, luego de que la reunión bilateral y el almuerzo con Trump -junto a sus equipos- transcurriera a puertas cerradas, pese a que estaba anunciado un ingreso de la prensa. “Estoy contento. Regreso a Brasil más optimista. Creo que Trump también lo fue, y espero que las cosas empiecen a avanzar”, dijo.
“Salgo de aquí con la idea de que hemos dado un paso importante para consolidar la relación democrática e histórica con Estados Unidos“, amplió el presidente brasileño, que contó que le recomendó a Trump adoptar una postura relajada durante la reunión y que le sugirió que sonriera para las fotos.
“Se notó que a Trump le gusta más reír que fruncir el ceño”, dijo Lula, que había iniciado la conferencia de prensa con una valoración positiva de la reunión. También reveló que, en tono de broma, le advirtió a Trump que no les negara las visas a los futbolistas brasileños para la Copa del Mundo que que empieza el 11 de junio y que tendrá a Estados Unidos como una de sus sedes.
Al ser consultado si temía que Estados Unidos impusiera nuevos aranceles a Brasil -uno de los ejes centrales del encuentro- tras el fin de una investigación bajo la sección 301, Lula respondió: “Mírenme: ¿me veo optimista o pesimista? Soy muy optimista».
El presidente brasileño admitió diferencias entre ambos equipos sobre la política arancelaria, por lo que propuso a Trump concederles 30 días para continuar las negociaciones y aclarar la situación, reveló el líder del Partido de los Trabajadores (PT).
También resaltó la importancia de que Estados Unidos abriera oportunidades de inversión en Brasil. “Vamos a lograr que las cosas sucedan”, afirmó, al expresar su deseo de que se concrete una renovación de la asociación económica entre ambas potencias.
Lula y su comitiva, integrada por varios altos funcionarios, habían llegado a la Casa Blanca a las 11.20 (hora local). Sobre la alfombra roja, Trump y su par brasileño se dieron un apretón de manos. Mantuvieron una reunión bilateral en el Salón Oval durante poco más de una hora y media (el doble de lo previsto), y luego se pasó a un almuerzo de trabajo, cerca de las 12.50. En total fueron casi tres horas.
Los periodistas acreditados esperaron en vano en la Casa Blanca una interacción con los líderes, que evitaron a la prensa por pedido de la comitiva visitante, según distintas versiones.
Ambos presidentes llegaron al encuentro en momentos de debilidad política interna. Mientras Trump enfrenta los mayores índices de desaprobación a su gestión en lo que va de su segundo mandato cuando faltan seis meses para las elecciones de medio término, Lula sufrió recientemente una serie de derrotas en el Congreso y no despega en las encuestas de cara a los comicios presidenciales de octubre próximo, en los que enfrentará al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Respecto a las próximas elecciones en Brasil, Lula desestimó que Trump -aliado del clan Bolsonaro- fuera a interferir. Y, a la vez, elogió su relación con el líder republicano con una sugestiva frase.
“Interfirió en las elecciones de 2022 y perdió, porque yo gané”, recordó Lula. “Creo que se comportará como el presidente de Estados Unidos, dejando que el pueblo brasileño decida su destino. Nuestra relación es muy buena, algo que muchos dudaban que pudiera suceder. ¿Sabes eso del amor a primera vista?”, señaló, y destacó que el vínculo entre ambos “evolucionó”.
“Tengo motivos para creer que a Trump le gusta Brasil”, dijo el líder del PT.
Los dos mandatarios -que ya se habían reunido en octubre pasado en una cumbre en Kuala Lumpur para limar asperezas- discutieron sobre varios temas, como la política arancelaria, el combate al crimen organizado, las tierras raras, inversiones y la guerra en Medio Oriente, uno de los temas en los que tienen posturas divergentes en la agenda internacional.
En la conferencia de prensa, Lula afirmó en varias ocasiones que había animado a Trump a buscar un acuerdo de paz con Irán. Declaró estar “totalmente en contra” del ataque contra el régimen de los ayatollahs y señaló que para resolver este tipo de conflictos “existe la diplomacia”.
Como sugerencia, Lula reveló que le había entregado a Trump una copia del acuerdo que negoció en 2010, durante su segundo mandato, junto con Turquía, mediante el cual, según el líder brasileño, convenció a Irán de comprometerse a no desarrollar armas nucleares. “Dijo que lo leería esta noche”, señaló Lula.
La presión de Washington sobre el régimen cubano es otro de los temas en los que ambos presidentes mantienen diferencias. “Si la traducción fue correcta, [Trump] me dijo que no piensa invadir Cuba. Es una gran señal“, reveló Lula.
El líder brasileño abogó por el diálogo para “encontrar una solución que ponga fin al bloqueo” que Estados Unidos aplica desde hace décadas sobre la isla. “Si él necesita ayuda para discutir la situación de Cuba, estoy complemente a disposición“, dijo.
La relación entre los gobiernos de Trump y Lula se había degradado el año pasado luego de que el presidente norteamericano usara los aranceles como herramienta punitiva sobre Brasil para forzar a que la Justicia retirara los cargos contra el expresidente Jair Bolsonaro, aliado del líder republicano, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado y otros delitos tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.
El presidente norteamericano denunció en aquel momento una “caza de brujas” contra Bolsonaro e impuso un arancel del 50% a las importaciones de productos brasileños, una de las tasas más altas que aplicó Washington en su guerra comercial global.
Incluso, en julio pasado la administración Trump sancionó al juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil Alexandre de Moraes al acusarlo de censura y detenciones arbitrarias relacionadas con investigaciones contra Bolsonaro. Brasilia denunció que las medidas violaban la soberanía del país sudamericano.
Meses más tarde, Estados Unidos retiró aranceles sobre varias de las exportaciones de Brasil tras un deshielo entre las administraciones de Trump y Lula, escenificado en un encuentro a fin de octubre al margen de una cumbre en Malasia.
Ambos mandatarios también hablaron sobre las posibilidades de inversión norteamericana en las tierras raras en Brasil, en momentos en que la Casa Blanca busca afianzar una cadena de suministro de esa producción crítica que reduzca la dependencia de China, que controla cerca del 70% de la producción mundial y más del 90% del refinado de tierras raras.
En ese sentido, Lula declaró que Brasil está abierto a alianzas internacionales, pero recalcó que el país pretende mantener la soberanía sobre sus recursos naturales y expandir el procesamiento interno de estos minerales.
“Brasil estará abierto a cualquiera que desee participar con nosotros, ya sean Estados Unidos, China, Alemania, Francia o la India. Lo que no queremos es ser meros exportadores. No queremos repetir lo que sucedió con la plata y el oro”, afirmó.
“La reunión se alargó un poco, sin duda porque la disfruté y él también”, dijo Lula sobre el encuentro, y bromeó sobre el menú servido durante el almuerzo.
“El almuerzo estuvo bueno. Había una buena ensalada, buena carne. Tenía curiosidad por preguntar si era brasileña”, dijo, que reveló que Trump retiró la fruta de la ensalada durante la comida.
“Se quejó de que no le gustan las naranjas en las ensaladas y empezó a quitarlas”, relató.
En la reunión, Trump estuvo acompañado por el vicepresidente JD Vance; los secretarios Scott Bessent (Tesoro) y Howard Lutnick (Comercio); la jefa de Gabinete, Susie Wiles, y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer.
Junto al mandatario brasileño estuvieron los ministros Mauro Vieira (Relaciones Exteriores), Wellington César (Justicia y Seguridad Pública), Dario Durigan (Finanzas), Márcio Elias Rosa (Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios), Alexandre Silveira (Minas y Energía), y el director general de la Policía Federal, Andrei Rodrigues.
Esta fue la octava visita de Lula a la Casa Blanca. Fue recibido por George W. Bush en cuatro ocasiones (en 2002, como presidente electo, y en 2003, 2007 y 2008); por Barack Obama en dos ocasiones (2009 y 2010) y por Joe Biden una vez (2023).

