BRASILIA.- Hace tres meses, en San Pablo, Javier Milei le confiaba a Flavio Bolsonaro la misión de “parar a la basura socialista” en Brasil. El domingo pasado, su candidato perdió el balotaje presidencial con Luiz Inácio Lula da Silva, escapó del país por territorio argentino y el líder libertario quedó, para el politólogo brasileño Mauricio Santoro, “entre los grandes derrotados externos” de la elección.
El martes por la noche, pese a una prohibición judicial de salir de Brasil, Flavio entró con su familia a la Argentina por el puente Tancredo Neves, según Migraciones, y desde Puerto Iguazú voló rumbo a los Estados Unidos. Ya en Miami, el senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro le agradeció a Milei su “coraje, sentido de justicia y legalidad”.
Los indicios de participación del gobierno argentino en el plan de fuga hicieron que el jueves Itamaraty convocara a la encargada de negocios argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para pedirle explicaciones.
Que la Casa Rosada apareciera ligada a la fuga no sorprendió en Brasilia. La sintonía de Milei con el clan viene de lejos. Jair y Michelle Bolsonaro estuvieron en su asunción en diciembre de 2023 y Eduardo Bolsonaro, hermano de Flavio, fue señalado como uno de sus enlaces con el universo trumpista.
En una relación en la que los dos presidentes ya se habían metido en la política del país vecino -Lula apoyó a Sergio Massa en 2023-, Milei fue más lejos. El 25 de julio subió al escenario de la convención del Partido Liberal (PL) que oficializó la candidatura de Flavio, y el canciller Pablo Quirno, junto a Karina Milei, vivó desde allí sus ataques a Lula y a otras autoridades brasileñas. Brasil respondió rebajando la relación diplomática al nivel de encargados de negocios.
En las urnas, Lula se impuso por 51,79% contra 48,21%. Con Jair preso en régimen domiciliario por haber liderado un intento de golpe de Estado; el exdiputado Eduardo instalado en Estados Unidos, condenado por presionar por sanciones contra autoridades brasileñas para interferir en el juicio a su padre; y Flavio ahora en Miami, el clan quedó disperso. Y Milei, sin su principal socio.
Daños colaterales
Pero la derrota no fue el único costo. Para el politólogo Santoro, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), la fuga agravó todo: “Si fuera un país sin la importancia que tiene la Argentina para Brasil, probablemente tendríamos hasta una ruptura de relaciones diplomáticas”, dice. Lo evita el peso del vínculo: la Argentina es el tercer socio comercial de Brasil.
Santoro, sin embargo, discute la imagen de un Milei solo en Brasil. El presidente argentino continuará teniendo “aliados importantes, en los gobernadores de la oposición y en el Congreso, sobre todo en el Senado”.
El Partido Liberal de Bolsonaro eligió 19 senadores y sumará 28, la bancada más grande al inicio de una legislatura desde 1988. Allí llegarán la exprimera dama Michelle Bolsonaro, la más votada en el Distrito Federal, y Carlos Bolsonaro, electo por el estado de Santa Catarina.
En el sur, sobre la frontera, el PL ganó en primera vuelta dos gobernaciones: el estado de Paraná, con Sergio Moro, el exjuez del Lava Jato que condenó a Lula y luego fue ministro de Justicia de Bolsonaro, y Rio Grande do Sul, con Luciano Zucco, exmilitar y jefe de la bancada del PL en Diputados. Son interlocutores naturales para la Casa Rosada, con una agenda común. En el debate por el ajuste fiscal que se viene en Brasil, la oposición pretende tomar a Milei como modelo.
El caso más delicado es el de Tarcísio de Freitas, reelecto en la gobernación de San Pablo con el 62,65% y candidato natural de la derecha para 2030. Es, a la vez, quien más alto honró a Milei en Brasil y quien más necesita distanciarse de lo que representa la fuga, ya que su capital es el de un perfil de gestor moderado, capaz de atraer votos más allá del bolsonarismo.
En julio, en el mismo viaje del acto de Flavio, lo recibió en el Palacio de los Bandeirantes y le entregó la Orden de Ipiranga, la máxima distinción paulista. Tarcísio deberá hacer equilibrio entre esa cercanía con Milei y su lealtad a los Bolsonaro, y a la vez marcar independencia si quiere liderar la derecha, aunque Flavio prometa hacerlo a distancia.
Con Lula, la afinidad es imposible y el silencio de esta semana lo confirmó. La Casa Rosada no felicitó al presidente reelecto y se limitó a “tomar nota” del resultado. Lula, en cambio, agradeció el saludo a Mauricio Macri y evocó los tiempos en que las diferencias “se discutían y se solucionaban de manera civilizada y republicana”. El destinatario no era Macri.
Aislamiento regional
El silencio también dejó a Milei solo en la derecha regional. El presidente de Chile, José Antonio Kast, felicitó a Lula el mismo domingo y escribió que Chile y Brasil “tienen mucho futuro en común”. Y hasta el colombiano Abelardo de la Espriella, que había respaldado a Flavio, reconoció el resultado: “Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños”.
Para Santoro, la excepción se explica por la trayectoria más errática de Milei, pero sobre todo por su cercanía con Trump, porque sus pares sí mostraron margen propio: “Pese al alineamiento con el gobierno de Trump, existe un nivel de autonomía considerable por parte de los gobiernos de América Latina”.
En el Planalto la consigna es no responder a las provocaciones del presidente argentino. Un asesor próximo de Lula escuchado por LA NACION lo resume así: “Todo lo que Milei quiere es un contrapunto con Lula. Y no se lo vamos a dar”.
Allí incluyen a Milei en lo que fuentes cercanas al presidente brasileño llaman la “orquesta de perdedores” del domingo, junto al bolsonarismo y al Departamento de Estado norteamericano, y lo ven “con el agua al cuello” ante las elecciones de 2027. El regreso de los embajadores está descartado, sin plazo, y la relación seguirá por carriles técnicos y comerciales.
La ironía quedó expuesta la noche del martes en Misiones. El puente Tancredo Neves, donde Raúl Alfonsín y José Sarney sellaron en 1985 el acercamiento que dio origen al Mercosur, sirvió para alejar todavía más a los dos gobiernos.
Tres meses después de encomendarle a Flavio que frenara a la “basura socialista”, Milei tiene a su socio en Miami. En Brasil le queda una derecha que todavía lo escucha, pero que ya no se apellida Bolsonaro, y un Lula que, por ahora, ni siquiera lo nombra.

