Rafael se libró de viajar en el vagón destrozado en Toledo porque se demoró tomando un café. El trágico choque dejó 64 muertos y paralizó la alta velocidad.
Un café a última hora se convirtió en la delgada línea entre la vida y la muerte. Rafael evitó formar parte de la peor tragedia ferroviaria reciente en España gracias a un retraso fortuito que lo apartó del convoy maldito. «Ese amasijo de hierro, ese que está detrás era el vagón en el que debía haber ido. Tomar café me ha salvado la vida. Es terrible», expresó con conmoción mientras filmaba el desastre.
El devastador siniestro, ocurrido a la altura de la localidad toledana de Urda, dejó un saldo preliminar de al menos 64 personas fallecidas y más de 80 heridos, según el último reporte oficial del gobierno regional de Castilla-La Mancha.
El impacto se produjo cuando un tren AVE de Renfe embistió por la parte trasera a una formación de la compañía Iryo que se encontraba detenida sobre las vías por causas que aún se investigan.
La violencia de la colisión provocó que dos vagones se precipitaran por un terraplén, desatando una escena dantesca en el kilómetro 118 de la línea de alta velocidad.

