“Los invito, por supuesto, a retomar la actividad diaria -a partir de hoy- y, de no mediar nuevos inconvenientes, pronto todo va a volver a la normalidad”, dijo el 4 de mayo el jefe de gabinete Manuel Adorni, en el auditorio de la Casa Rosada. Culminaban así las once jornadas en las que los periodistas acreditados en Balcarce 50 tuvieron vedado el acceso, sin poder ingresar a realizar sus tareas, un hecho inédito desde el retorno de la democracia.
Más de un mes después de aquella conferencia de prensa con preguntas –la última que brindó Adorni- las restricciones se mantienen, aunque con los acreditados dentro de la Casa Rosada, con zonas restringidas. No hay visos de una solución en el corto plazo a pesar de los repetidos reclamos a la Secretaría de Prensa y Comunicación, que encabeza Javier Lanari, el funcionario de Javier Milei que cerró la sala.
La rutina de cada acreditado varió notablemente desde aquella decisión gubernamental de prohibir el ingreso de la prensa, basada en la denuncia penal de Casa Militar contra dos periodistas de TN por grabaciones presuntamente sin autorización de pasillos y frentes de despachos de la casa. La denuncia del Gobierno contra Luciana Geuna e Ignacio Salerno, acusados de “espionaje” por filmaciones dentro de la Casa Rosada con “lentes inteligentes”, fue desestimada por la Justicia.
Para ingresar hoy a la Casa Rosada, cada periodista debe decir su nombre (en muchos casos también mostrar su DNI) e ingresar por la reja hacia la puerta de Balcarce 78, donde se encuentra la comisaría. Por allí no ingresa ningún funcionario ni visitante, como sí lo hacían por el ingreso regular, por Balcarce 24.
Ya dentro del edificio, el ingresante debe superar el scanner y la revisión minuciosa de un agente, mientras personal de Casa Militar entrega la credencial de cada acreditado, que según las nuevas instrucciones debe portarse en todo momento y devolverse al retirarse (antes del 23 de abril, cada acreditado se llevaba consigo su credencial). Superados los controles, los periodistas suben por una escalera lateral hacia el primer piso, donde se encuentra la sala de prensa.
Llegado a la sala, que desde el inicio del gobierno libertario no cuenta con aire acondicionado ni calefacción, el margen de maniobra es más que limitado. Los accesos al balcón que da al salón de los Científicos y al salón Eva Perón están prohibidos, y las puertas vidriadas que los comunican están esmeriladas por orden gubernamental. Tampoco se puede circular por el ala opuesta, donde está la oficina del asesor presidencial Santiago Caputo y otros funcionarios.
La prohibición de circulación llega al Patio de las Palmeras, en la planta baja, lugar desde el cual se podía cubrir la entrada y salida de funcionarios y visitantes, nacionales y extranjeros, por la explanada de la calle Rivadavia. Allí también están el Ministerio del Interior (de puertas abiertas para la prensa durante distintas administraciones, hasta la llegada de Diego Santilli) y la oficina de Adorni, entre otras.
Desde mediados de 2025, a los periodistas no se les permitió estar en el patio mientras el presidente Javier Milei ingresaba o se retiraba de la casa, en teoría por cuestiones de seguridad. También en este caso se trata de una novedad, sin vigencia con anteriores gobiernos.
Como agregado, el personal de Casa Militar vigila los movimientos de los periodistas. Es muy común verlos circular en los pasillos cercanos a la sala, mientras los acreditados conversan o hablan por teléfono.
El pasado 13 de mayo, el juez federal Ariel Lijo desestimó la denuncia del Gobierno contra los periodistas Luciana Geuna e Ignacio Salerno, que habían sido acusados de “espionaje” por filmaciones dentro de la Casa Rosada con “lentes inteligentes”, dispositivo con forma de anteojos que permite grabar. A pesar de que ese era el argumento principal que sostenía las restricciones, nada cambió, desde entonces hasta hoy.
“Vamos a volver al esquema de conferencias, que van a ser…, no diarias, pero sí van a ser…, nos vamos a ver seguido, digamos, las caras”, dijo Adorni el 4 de mayo. Volvió a los pocos días, el 8 de mayo, para presentar a los ministros Alejandra Monteoliva (Seguridad) y Luis Caputo (Economía), quien se disgustó cuando uno de los periodistas lo consultó por la presunta existencia de sobresueldos en el Gobierno. Fue el último encuentro del jefe de gabinete, y ex vocero presidencial, con los acreditados de la Casa Rosada.

