El Día Mundial de la Salud Mental, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una fecha que nos invita a hacer una pausa y reflexionar sobre cómo vivimos y cómo nos cuidamos. Con la convicción de que la revisión constante de la mirada clínica resulta indispensable para abordar el padecimiento psíquico en su verdadera dimensión social.
La OMS define a la salud mental como un estado de bienestar que permite a las personas hacer frente al estrés de la vida, desarrollar sus habilidades, aprender, trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Es crucial remarcar tres aspectos de este concepto: no se reduce a la mera ausencia de una enfermedad, constituye un derecho humano fundamental -con valor intrínseco e instrumental para el desarrollo socioeconómico- y se experimenta como un proceso dinámico y continuo a lo largo de toda la vida.
Sin embargo, cuando contrastamos este marco teórico con nuestra realidad cotidiana, el panorama exige un compromiso ético e interdisciplinario sin dilaciones. Los datos epidemiológicos locales son contundentes. El Segundo Informe Federal sobre la situación de la Salud Mental en Argentina -un relevamiento de alcance inédito que abarcó al 70,85% de la población nacional- da cuenta de una situación compleja: observamos un inicio cada vez más temprano de los padecimientos psíquicos y un agravamiento generalizado de los trastornos mentales. Entre los hallazgos más dolorosos del informe se destaca la problemática del suicidio, consolidada como la principal causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años en nuestro país. Durante el año 2025, 5209 personas se quitaron la vida en Argentina, lo que representó un incremento de 22% respecto al año anterior.
Frente a esta demanda creciente, el sistema sanitario presenta algunas vulnerabilidades estructurales. Si bien es posible internar a más pacientes en riesgo de los que indican la cantidad de camas registradas, la capacidad sigue siendo insuficiente debido al aumento sostenido de consultas. A esto se suma un déficit crítico de talento humano: Argentina cuenta con 4,28 psiquiatras cada 100.000 habitantes, una cifra distante de los 7 por cada 100.000 recomendados por la OMS. Es importante fortalecer la red asistencial y priorizar el desarrollo de dispositivos comunitarios e intermedios que garanticen la continuidad de los cuidados más allá de la urgencia.
Dar respuesta a este escenario requiere superar miradas y abordajes reduccionistas. No basta con categorizar síntomas ni con administrar intervenciones farmacológicas aisladas. Es necesario repensar la salud mental desde una psiquiatría centrada en la persona.
La mente humana no funciona en el vacío. La salud mental está atravesada por variables sociológicas (las condiciones socioeconómicas, las redes de apoyo y la equidad), dimensiones antropológicas (la cultura y la búsqueda de pertenencia) e interrogantes filosóficos sobre el sentido, el valor de la vida, la existencia y la dignidad de la persona humana. La praxis de la Psiquiatría contemporánea debe articular estos saberes para comprender a cada paciente en su singularidad biográfica y social.
Promover la salud mental no es una tarea exclusiva del ámbito médico ni una responsabilidad puramente individual. Exige políticas públicas sostenidas, presupuestos acordes, un sistema de salud integrado y, sobre todo, una comunidad dispuesta a alojar el padecimiento psíquico de una persona sin prejuicios. Reconocer el dolor del otro y construir espacios de escucha es el primer paso para transformarlo.
Médico especialista en Psiquiatría, profesor universitario en Medicina

