Aunque pareciera una historia de ciencia ficción, en el año 1930 una invasión de ratas y cabras hizo que todos los habitantes de la isla Redonda, que forma parte del Estado Libre Asociado de Antigua y Barbuda, debieran huir. Desde aquella fecha a la actualidad, solo los animales salvajes, con su fauna y flora, continúan en el lugar. Pero, ¿cómo es que un lugar paradisíaco llegó a estar en estas condiciones?
Todo se remonta al siglo XIX, cuando el gobierno británico, que todavía tenía como colonia a este territorio, decidió comenzar a explotarlo por las grandes cantidades de fosfato de alúmina que contenía. Este material era esencial para crear la pólvora que luego se utilizaba en las guerras de todo el mundo. En total, la pequeña isla producía 7000 toneladas al año.
En el lugar vivían aproximadamente 120 personas, las cuales se dedicaban en su mayoría a la minería. Pero el ingreso y la salida de barcos, sumado a la contaminación por extracción de minerales, generaron que las plagas se multiplicaran y fuera imposible habitarlo.
Pronto el paisaje tropical que alguna vez sirvió como hábitat natural de especies marinas se transformó en un entorno árido que llevó a que los locales comenzaran a llamar a este sitio olvidado en el mar Caribe “la roca”. Según el Grupo de Conciencia Ambiental (EAG), una ONG de Antigua y Barbuda, “al igual que en otras partes del mundo, las ratas y las cabras contribuyeron a la deforestación y desertificación de Redonda y se les atribuye la extinción del eslizón y la iguana endémicos, así como la desaparición del búho excavador de Antigua en la isla”.
Para el año 2012 el ecosistema estaba tan lastimado que incluso las cabras comenzaron a morir. Es por esto que en 2016 grupos ecologistas llamaron a realizar distintas restauraciones de la fauna y flora. “Simplemente eliminamos las especies que no debían estar allí y, en cuestión de meses, vimos cómo la vegetación volvía a crecer y la isla se recuperaba”, afirmó en 2023 Johnella Bradshaw, coordinadora del programa Redonda del Environmental Awareness Group (EAG), una ONG de Antigua que lidera el proyecto, en diálogo con la CNN.
“Hasta la fecha no plantamos nada, no reintrodujimos ninguna especie. Simplemente eliminamos las ratas y las cabras, y la isla se transformó ante nuestros propios ojos”, continuó sobre el procedimiento natural que buscaron que se produjera.
El cambio fue tan notorio que llevó al gobierno de Antigua y Barbuda a declararla área protegida. Desde entonces se conoce a la isla como la Reserva Ecosistémica de Redonda. La misma abarca 30 mil hectáreas de tierra y mar, que incluyen la pequeña isla, sus praderas marinas circundantes y un arrecife de coral de 180 kilómetros cuadrados.
El reto para los años siguientes es lograr que el lugar siga libre de plagas. Por eso, desde entonces comenzaron a implementarse medidas de bioseguridad para limitar el riesgo de nuevas invasiones. Además, científicos empezaron a analizar la forma más segura de realizar reintroducciones de animales como iguanas o búhos excavadores, que fueron en un primer momento los habitantes originales de este lugar. “Redonda demuestra que la reintroducción de especies silvestres funciona cuando se deja que la Madre Naturaleza haga lo que mejor sabe hacer”, argumentó Johnella Bradshaw.

