En un giro digno de una telenovela minera de bajo presupuesto con Andrea Del Boca, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, decidió que si la montaña no viene a Mahoma… Mahoma va y le mete bomba a la montaña. Aparece una mina multimillonaria en San Juan, y de repente en La Rioja dicen; “Pará, pará, ¿y para mi que hay?». La joya en disputa es Josemaría, una mina que promete miles de millones, miles de empleos y, aparentemente, miles de dolores de cabeza políticos. Hablamos de un proyecto que podría emplear unos 4.000 trabajadores en construcción y más de mil en operación, es decir plata, trabajo, y tentación irresistible para cualquier gobernador con olfato fiscal.
Quintela agarró el mapa, lo miró dos minutos y dijo, “Che, movamos un poquito los límites con San Juan», total, en Argentina ya movimos tantas cosas que un límite más, un límite menos, ¿quién controla?. El argumento es maravilloso; el territorio fue “entregado ilegalmente” hace años .
O sea, según esta lógica, cualquier cosa que no me gusta del pasado… la declaro ilegal y listo.
Mañana capaz revisamos dónde quedó el Obelisco y vemos si no era riójano también. La tesis es brillante, como los camiones pasan por La Rioja, entonces la riqueza también debería pasar, y quedarse. Es como si el delivery de pizza pasa por tu vereda y vos decís, “Disculpá maestro, la muzza queda acá porque usaste mi calle”.
En serio, parte del conflicto es que el acceso al proyecto pasa por territorio riojano, y eso desató reclamos por empleo, proveedores y beneficios, una especie de peaje político versión siglo XXI. Desde San Juan la respuesta fue básicamente, “Mucho entusiasmo, pero la mina está acá, no en la imaginación del «Tigre de los LLanos» version Manaos de Quintela. Y no es menor, el proyecto está ubicado técnicamente dentro de territorio sanjuanino, con límites definidos y toda la ingeniería legal ya armada. Pero en la Argentina federal, cuando aparece plata, el mapa se vuelve creativo, elástico diría.

