La Supercopa de Europa comenzó con un arranque fulgurante del París Saint-Germain, que asumió el protagonismo desde el primer minuto con una clara vocación ofensiva por las bandas, especialmente a través de la movilidad de Akliouche. El Aston Villa, por su parte, intentó mantenerse ordenado en el fondo, aunque durante los primeros compases le costó horrores conectar con un Emi Buendía que no encontraba espacios para gravitar en la zona de creación.
Con el correr de los minutos, el duelo ganó en intensidad y emociones. El conjunto inglés avisó con un disparo de media distancia de Kamara que pasó rozando el palo de Safonov, y poco después deleitó con una gran acción individual de Buendía, quien dejó un vistoso caño sobre Neves y un taco para habilitar a su compañero. Sin embargo, el golpe sobre la mesa lo dio el campeón francés. A los veintiún minutos, tras una asistencia precisa de Doué, Kvaratskhelia apareció en el área pequeña para firmar un golazo imparable con un potente remate, rompiendo la paridad y desatando la euforia parisina.
Lejos de venirse abajo, el equipo dirigido por Unai Emery reaccionó con carácter en la recta final de la primera mitad. El joven Madjo se convirtió en el principal dolor de cabeza para la defensa del PSG: primero avisó con un cabezazo desviado, luego probó con un tiro cruzado que rozó el poste y obligó a intervenir a la zaga. Los ingleses elevaron la presión y comenzaron a acorralar a su rival, forzando errores en la salida desde el fondo.
Cuando el reloj marcaba el cierre del tiempo reglamentario, el juvenil de diecisiete años tuvo su merecido premio y sentenció el uno a uno con una definición certera, sellando un primer tiempo vibrante que deja la gran final totalmente abierta para la etapa complementaria.

