Las reservas netas del Banco Central (BCRA) podrían llegar a US$10.000 millones hacia fines de año y alcanzar su nivel más alto desde marzo de 2020, según estimaciones privadas. Así, en un escenario en el que el Tesoro suma dólares a través de las colocaciones de Bonares, se cierran las garantías comprometidas por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y, con una factible renovación de los repo, se despejaría gran parte del programa financiero en moneda extranjera de 2026 y 2027.
Pero la discusión entre los analistas ya no gira tanto en torno a la capacidad de pago de la deuda, sino a otra cuestión: cuál es la “artillería” que tendrá el Gobierno para enfrentar eventuales turbulencias cambiarias en un año electoral.
El último informe de la consultora 1816, titulado Preparándonos para 2027, estimó que entre lo que resta de este año y el próximo la Argentina deberá afrontar pagos por unos US$30.700 millones en moneda extranjera entre compromisos con acreedores privados, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Club de París.
Los depósitos en dólares acumulados por el Tesoro, las líneas de financiamiento respaldadas por organismos multilaterales y la eventual renovación de los repos aportarían recursos por unos US$13.100 millones. De ese modo, quedarían por cubrir alrededor de US$17.600 millones, que podrían financiarse mediante nuevas emisiones de Bonares, una eventual colocación de deuda en los mercados internacionales, un refinanciamiento de los vencimientos con el FMI o, en última instancia, con reservas.
En ese contexto, 1816 proyectó que las reservas netas medidas a valor de mercado podrían ubicarse en torno a los US$10.000 millones si se concreta la renovación de los repos. La consultora destacó además que el Tesoro cuenta con depósitos en pesos en el BCRA equivalentes a unos US$8800 millones al tipo de cambio actual, recursos que eventualmente podrían utilizarse para adquirir divisas.
“Más allá de cómo se consiga el dinero para afrontar los pagos, no parece haber ningún riesgo de incumplimiento de los vencimientos de 2027”, señalaron los analistas. A diferencia de otros períodos preelectorales de la historia reciente argentina, el principal interrogante ya no sería la capacidad de pago, sino la disponibilidad de recursos para sostener la estabilidad financiera y cambiaria.
“Lo que sí está en juego es con cuántos recursos contará el Gobierno para defender la estabilidad cambiaria si los inversores se inquietan por las encuestas o por el resultado de las PASO”, advirtió la consultora. Bajo esa lógica, consideró probable que el equipo económico avance en los próximos meses con alguna emisión de deuda en el exterior para reforzar su posición financiera antes del año electoral.
Andrés Reschini, analista de F2 Finanzas, coincidió en que un nivel de reservas netas cercano a los US$10.000 millones es factible si se concretan los préstamos respaldados por las garantías del Banco Mundial y el BID. Sin embargo, advirtió que ese escenario no implica que el programa financiero de 2027 esté completamente resuelto.
“Con esos recursos quedarían despejados los vencimientos de 2026 y habría mayor margen para enfrentar los compromisos de 2027, pero no puede decirse que estén totalmente cubiertos”, señaló.
Según explicó, una parte importante del esquema descansa sobre la capacidad del Gobierno para seguir accediendo al financiamiento. “El Tesoro acumuló una importante cantidad de pesos que, al tipo de cambio actual, equivalen a unos US$8700 millones. Pero si sale al mercado a comprar esos dólares, podría generar presión sobre el tipo de cambio. Mucho dependerá de la demanda privada de divisas y de la capacidad de conseguir financiamiento en el mercado”, indicó.
Para Reschini, además, el factor político seguirá siendo determinante. “Las condiciones financieras globales importan, pero también el grado de confianza que perciba el mercado. Y eso dependerá en gran medida del escenario político y electoral”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que la demanda de cobertura cambiaria asociada a la incertidumbre electoral sigue siendo un riesgo que el Gobierno no debería subestimar.
Una visión algo más optimista presentó Fernando Camusso, director de Rafaela Capital. Según el analista, el esquema financiero que viene construyendo el Gobierno reduce significativamente el riesgo de estrés en los próximos años. “No veo riesgo de default en 2027. Con esta estructura de cobertura, el problema ya no es de solvencia”, sostuvo.
No obstante, advirtió que el desafío pasa por el costo de conseguir esos fondos. “Una eventual emisión internacional en un año electoral probablemente tenga que convalidar un spread elevado. Esa es la variable que habrá que seguir”, agregó.
En la misma línea, Fernando Marull, socio de FMyA, coincidió en que las reservas netas podrían acercarse a los US$10.000 millones hacia fin de año y consideró que el programa financiero de 2026 está prácticamente cerrado, mientras que el de 2027 luce “manejable”.
Sin embargo, cuestionó la idea de que el nivel de reservas sea el único indicador relevante para medir la capacidad de intervención oficial. “El año pasado se utilizaron alrededor de US$22.000 millones en instrumentos de cobertura cambiaria y apenas US$3000 millones en ventas de reservas. La mayor parte de la artillería estuvo en los futuros, la cobertura cambiaría y las tasas de interés”, explicó.
Para Marull, el Gobierno llegará a 2027 con un abanico más amplio de herramientas que el mero stock de reservas. “La artillería no pasa solamente por los dólares que tenga el Banco Central. También incluye futuros, instrumentos de cobertura y política de tasas. Todo eso ya se está preparando”, señaló.
Un informe reciente de Facimex Valores sostuvo que el programa financiero de 2026 ya se encuentra prácticamente cubierto y que parte de los recursos obtenidos este año comenzarán a utilizarse para prefinanciar los vencimientos de 2027. La sociedad de bolsa estimó que el sector público ya cuenta con fuentes de financiamiento suficientes para afrontar los compromisos en moneda extranjera de este año y generar incluso un excedente para el próximo. Según sus cálculos, ello contribuirá a reducir el riesgo país, fortalecer las expectativas de estabilidad cambiaria y mejorar las condiciones para sostener el proceso de desinflación.

