El peronismo, ese ente que hace rato dejó de ser un partido para convertirse en una sociedad de fomento con internas de patio de comida, volvió a prenderse fuego solo. Esta vez el combustible fue una votación en el Senado, porque aparentemente no hay drama argentino que no empiece con «che, ¿votamos esto o hacemos como que no vimos el mensaje?».
El hecho: los senadores del bloque que responde a Mayans le dieron el visto bueno a un paquete de jueces mandados por Milei. Entre ellos, uno que hizo un viajecito a Lago Escondido con el ministro de Justicia libertario y directivos de Clarín — como para no generar ninguna sospecha, obvio, todo cristalino, como el lago.
La reacción: el kirchnerismo mediático puso el grito en el cielo, gritó «pacto espurio» con la mano en el pecho, y una senadora les devolvió la gentileza recordándoles que el canal que los cuestiona tiene en su directorio a un tipo que ahora labura para el mismo grupo mediático que los cuestionadores defienden. O sea: todos se acusan de lo mismo que hacen, el clásico «no es lo mismo cuando lo hago yo» versión judicial-mediática.
El verdadero motivo: no es ideología, no es «institucionalidad», no es nada solemne. Es Cristina queriendo colocar a un candidato de su riñón en el Consejo de la Magistratura, y para eso hubo que «hacer buena letra» con el Gobierno votándole jueces a cambio de futuros favores. Es decir: el peronismo le vendió pescado al que hasta ayer llamaba «la casta antipopular», pero a cambio de un asiento en la mesa donde se reparten los jueces. Todo muy Robin Hood, che.
La cereza del postre: un sector del PJ ahora quiere «dejar de pelearse con los jueces» porque, cito la lógica interna, «mirá cómo le fue a Cristina peleándose con la Justicia» (spoiler: domiciliaria). Así que ahora el gran plan estratégico del peronismo es «seamos amigos de los jueces para que no nos caguen como a la jefa». Una genialidad de ajedrez político digna de un manual de autoayuda carcelario.
En la Argentina, la Justicia no es ciega, es bilingüe: habla el idioma del que negocia bien y tiene memoria selectiva con el que no le sirve. Y mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue esperando que alguien —cualquiera— se pelee por algo que no sea un cargo en el Consejo de la Magistratura.

