La muerte volvió a encontrar una moto en los caminos sanjuaninos. Esta vez fue en Ullum, donde un motociclista que había salido a recorrer la zona fue hallado sin vida cerca de una ruta, en un sector de difícil acceso. La principal hipótesis apunta a una caída por un barranco, aunque las pericias aún intentan determinar exactamente qué ocurrió.
Mientras las estadísticas siguen creciendo, las rutas y caminos de la provincia parecen convertirse en una lotería mortal para quienes circulan sobre dos ruedas. La secuencia se repite con una frecuencia alarmante: un motociclista sale de su casa, desaparece durante horas y la noticia termina llegando de la peor manera.
Lo más preocupante es que la sociedad parece haberse acostumbrado a esta sangría permanente. Cada semana aparece un nuevo nombre en la lista de víctimas, una nueva familia destrozada y una nueva tragedia que ocupa los titulares por apenas unas horas antes de ser reemplazada por la siguiente.
La pandemia de muertes en moto sigue activa. No necesita variantes ni contagios. Le alcanza con la imprudencia, la velocidad, los caminos peligrosos y la ausencia de medidas efectivas para seguir cobrándose vidas. En San Juan ya no sorprende escuchar sobre otro motociclista fallecido. Y quizás ese sea el dato más trágico de todos.

