La prevención no puede depender de la voluntad de cada intendente.
La posibilidad de que San Juan enfrente lluvias intensas vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que no debería generar discusiones: la responsabilidad de los municipios en la prevención de inundaciones y daños. El propio director de Hidráulica, José María Ginestar, reconoció que todavía hay intendencias que no están cumpliendo plenamente con las tareas que les corresponden.
Y el problema no es menor. Cuando se anuncian posibles temporales, no alcanza con declaraciones, reuniones ni promesas de trabajo. Los vecinos necesitan hechos concretos: canales limpios, desagües en condiciones, mantenimiento de cunetas y obras preventivas realizadas a tiempo.
Resulta preocupante que, frente a un escenario climático que exige organización y compromiso, todavía haya municipios que parezcan no dimensionar la importancia de su responsabilidad. Porque cuando llega una tormenta, el agua no distingue jurisdicciones ni espera que los funcionarios se pongan de acuerdo. Entra en las casas, anega las calles, destruye pertenencias y deja a familias enteras enfrentando consecuencias que muchas veces podrían haberse evitado.
Cada organismo tiene sus obligaciones. Los municipios deben hacerse cargo de las tareas que les corresponden, Vialidad de las suyas y el Gobierno provincial debe garantizar la coordinación necesaria. Pero esa distribución de responsabilidades no puede convertirse en una excusa para mirar hacia otro lado.
Los intendentes fueron elegidos para gestionar y dar respuestas a sus comunidades, especialmente cuando están en juego la seguridad y la tranquilidad de sus vecinos. Por eso, la prevención no puede quedar librada a la buena voluntad de cada administración municipal.
San Juan necesita menos discursos y más trabajo concreto. La verdadera gestión no se demuestra cuando el problema ya ocurrió, sino cuando se trabaja para evitarlo.
Porque si las lluvias llegan y las obras no están hechas, los que terminan pagando las consecuencias no son los funcionarios detrás de un escritorio. Son los vecinos, los comerciantes, los trabajadores y las familias que esperan algo tan básico como que sus gobernantes cumplan con la responsabilidad que asumieron.

