El levantamiento de la Generación Z en Nepal, en septiembre del 2025, fue una advertencia a los políticos del mundo. Si bien hubo conflictos similares en otros países, este fue el de mayor impacto visual y político, por los impactantes incendios en edificios públicos de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Tras la violencia y los destrozos, el primer ministro Sharma Oli tuvo que renunciar. Esto dio lugar a un gobierno de transición liderado por la exministra de Justicia Sushila Karki -apoyada por la Genera-ción Z- que se llevó a cabo en forma pacífica. Tras las elecciones en abril, el nuevo primer ministro Belen Shah enfrenta el desafío de satisfacer las enormes expectativas que ha generado en el pueblo de Nepal, especialmente en los jóvenes.
Una característica inusual de Balen Shah es ser un líder disruptivo pero moderado, y de no hablar demasiado en público. Este carismático exalcalde de Kathmandú es también un famoso rapero de 36 años, que logró captar la angustias de la Generación Z a través de sus canciones. Con el apoyo de los jóvenes, y demostrando gran coraje, se presentó como candidato a diputado no en Katmandú, donde ganaba seguro, sino en Jhapa, distrito del ex primer ministro Oli, derrotándolo ampliamente. A su vez, es ingeniero civil, y ha trabajado en varios proyectos de infraestructura a través de Nepal.

Balen Shah es el primer líder surgido en plena democracia y en la postmonarquía. Debe batallar contra un sistema político altamente jerárquico, anquilosado y dominado por políticos octogenarios, totalmente ajenos a las prioridades de sus gobernados, especialmente los jóvenes. Enfrenta un desafío gigantesco en términos de desarrollar una administración pública eficiente y diminuir/ eliminar la corrupción imperante. Por otro lado necesita impulsar el desarrollo económico y la infraestructura de este país en los Himalayas. A su vez, será crítico crear oportunidades para los jóvenes, miles de los cuales parten al exterior a trabajar o estudiar, literalmente embanderados con la bandera nepalesa, al despedirse de sus familias.
En el contexto de un “tsunami de esperanza”, el gobierno de Balen Shah presentó una agenda de cambio de 100 puntos. Con el apoyo de 2/3 del parlamento -en un régimen parlamentario-, este plan procura satisfacer las grandes expectativas generadas. Con un perfil bajo, directo y “sin vueltas”, Balen Shah se instaló en la oficina del primer ministro, en vez de su residencia oficial. En cuanto a la ineficiencia burocrática, ya se han reestructurado ministerios, se han extendido los horarios de las oficinas públicas e implementado métodos para dar una atención más rápida. A su vez, se va poniendo en marcha un programa de buena gobernanza, y digitalizando los procesos administrativos para dar mayor transparencia. Con un equipo bastante joven, y con un tercio de los ministros siendo mujeres, vencer la inercia burocrática y sus prácticas corruptas, es un desafío monumental. Así, dos ministros han debido ya renunciar por sospechas de corrupción.
En cuanto a la política exterior, Balen Shah enfrenta el tradicional desafío nepalí de ser un Yam (una fruta) entre dos grandes rocas: India y China. A su vez debe manejar sus relaciones con las naciones de Occidente -que apoyan su desarrollo- y potencias asiáticas benefactoras como Corea de Sur y Japón. También deberá desarrollar políticas que incorporen de mejor manera a la diáspora nepalí, cuyas remesas del exterior representan el 25% del PBI de Nepal.
Especialista en Relaciones Internacionales

