“Ya no se puede hacer chavismo. Eso terminó, te quedas solo”. La frase resuena en un despacho de la gobernación bonaerense cercano al de Axel Kicillof. Refleja con claridad la búsqueda del mandatario y potencial candidato presidencial del peronismo por encontrar su propia forma de relacionamiento con la región, cercana al brasileño Lula y mirando de reojo el posicionamiento de Javier Milei como aliado principal del estadounidense Donald Trump.
Sin embargo, para Kicillof y quienes diseñan su política exterior para el caso de que llegue a la Casa Rosada en 2027, ya no se trata de adaptar el modelo kirchnerista que se forjó en paralelo al ascenso del chavismo en Venezuela y que se irradió a Sudamérica con su punto cúlmine en la segunda presidencia de Cristina Kirchner. La caída de Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado, terminó de configurar, para el axelismo, un nuevo esquema de poder en la región.
En esa reconfiguración, Lula es una referencia central en el pensamiento de Kicillof. Por eso el gobernador mantiene un “contacto directo” con el jefe del Planalto -el palacio de gobierno en Brasilia- y con figuras prominentes del PT, el partido que le da sustento político. En abril pasado, Kicillof y Lula estuvieron reunidos en Barcelona, España, durante la Movilización Global Progresista, un encuentro promovido por el presidente español, Pedro Sánchez.
Pero, según pudo saber LA NACION, Lula no pone sus fichas solamente a Kicillof en la Argentina. También mantiene una amistad política y personal con Cristina Kirchner, a quien visitó el año pasado en su reclusión domiciliaria de San José 1111, y ahora dio su visto bueno para la designación de un abogado cercano al PT que la representará en tribunales internacionales. Además, los equipos de Lula asesoran a Sergio Massa, deslizaron fuentes del Frente Renovador.
La ligazón de Lula con los referentes peronistas de la Argentina es inversamente proporcional al apoyo que Milei les prodiga a los Bolsonaro -Jair y Flavio, padre preso e hijo candidato- para las elecciones presidenciales del 4 de octubre. La visita del presidente este fin de semana a San Pablo tiene esa lectura política inequívoca. Una victoria de los Bolsonaro sería una gran noticia para el mandatario argentino, al tiempo que un oscuro presagio para el PJ.
“Milei hace lo que le pide Trump en América Latina. No es que tenga vocación de liderazgo; sigue instrucciones”, analizaron cerca de Kicillof sobre la presencia del jefe de La Libertad Avanza en Brasil. “Nuestros contactos nos dicen que hace dos meses estaban preocupados por las encuestas, pero hace quince días transmiten más tranquilidad”, agregaron las fuentes axelistas consultadas por este medio. Y admitieron la importancia de que Lula se mantenga en pie.
Kicillof tiene decidido participar de foros progresistas donde lo inviten a disertar, como parte de la construcción de su candidatura presidencial. El próximo 21 de agosto, según pudo saber LA NACION, viajará a Montevideo para hablar en el Tercer Congreso Panamericano, del que tomarán parte el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi; la excandidata chilena Jeannette Jara, diputados demócratas de Estados Unidos y legisladores de la región sudamericana.
Son espacios donde se levanta la guardia ante la “avanzada de Trump” sobre la región, un fenómeno que identifican en forma paralela a “la retirada de Estados Unidos del mundo”, como definen cerca de Kicillof. Y juzgan con prevenciones las recientes victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, que también festejó Milei en la Argentina. En contraposición a Trump, no reniegan de China como una “potencia en crecimiento” en la región.
En ese escenario, Kicillof ensayaría una forma distinta de acercarse a presidentes que no comulgan con sus posturas ideológicas. “No te podes sentar con (Antonio) Kast en Chile y hablarle de la Patria Grande”, advirtieron en La Plata, donde elaboran un plan para implementar en caso de llegar a la Presidencia: “Lo que hay que hacer es hablar de cosas concretas y apuntar al fortalecimiento del intercambio comercial”, razonaron cerca del mandatario provincial.
Para Kicillof y sus asesores en materia internacional, entre ellos su ministro de Gobierno. Carlos Bianco, hay un conjunto de organismos que ya no representan la realidad de la región, como la caducada Unasur -que integró y protagonizó el kirchnerismo- y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Tampoco confían en la eficacia del Parlasur, que tiene representación argentina. Aquí hay una “nueva canción” que componen en el axelismo.
“Nosotros vamos con la postura histórica del peronismo, que es la tercera posición”, remarcó una fuente cercana al gobernador. No obstante, la reticencia que manifiesta el axelismo al relacionamiento con Washington y los múltiples contactos que mantiene con dirigentes del PC chino y empresas de capitales mixtos de ese país hacen que el proyecto de Kicillof se vea inevitablemente más cerca de Pekín. Ese camino, si se mira bien, ya lo marcó el brasileño Lula en la región.

