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¿Memoria completa? A 90 años del día en que España se dividió en dos bandos que combatieron a muerte

Última actualización: 18 de julio de 2026 3:27 pm
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“Las guerras son inútiles y solo crean miseria y destrucción, sin solucionar nada”, reflexionó en diálogo por videollamada con LA NACION el veterano catalán Joan Escudé, que a sus 110 años es el hombre más longevo de Cataluña y conserva una envidiable lucidez luego de haber luchado en su juventud como combatiente republicano de la Guerra Civil española (1936-1939).

Escudé reconoció, de todas maneras, por su propia experiencia, que “cuando se inician las guerras uno no puede hacer otra cosa que tomar partido y adquirir resistencia ante la adversidad”.

El testimonio de un excombatiente de la Guerra Civil Española

Y al conmemorarse este 18 de julio 90 años del inicio de aquel atroz enfrentamiento, que se estima que dejó más de medio millón de muertos, España se ve envuelta en los últimos tiempos en intensos debates sobre su pasado, solo acallados temporalmente estos días por la clasificación a la final del Mundial de Fútbol.

Pocos años antes de aquella época sangrienta el sevillano Antonio Machado (1875-1939), que también sufrió las consecuencias de la lucha fratricida, había escrito que “Al volver la vista atrás se ve la senda / que nunca se ha de volver a pisar”.

Según es evocado por Joan Manuel Serrat en su canción “Cantares”, la Guerra Civil llevó a Machado a morir “lejos del hogar”, en el exilio francés, donde “lo cubre el polvo de un país vecino”, tras haber defendido la república, mientras en España se imponía la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

Y los debates actuales recuerdan aquella senda de las divisiones que, según el poema, nunca se debía “volver a pisar”, y que separó a los propios hermanos poetas Antonio y Manuel Machado (1874-1947). Este último, a diferencia de su hermano republicano, fue un ferviente franquista que vivió y falleció en España arropado por el dictador al que llamaba en uno de sus poemas “caudillo noble y valiente”.

Las mismas disputas que distanciaron a los hermanos Machado se ven reflejadas a diario en los medios y en las pantallas de televisión española con discusiones sobre historias dolorosas, a veces de bisabuelos o tatarabuelos asesinados, que nunca fueron encontrados.

De hecho, España ha sido señalada con frecuencia como uno de los países con mayor número de desaparecidos cuyos restos aún no han sido recuperados. Algunas organizaciones la sitúan como el segundo caso del mundo, después de Camboya. El Mapa oficial de Fosas del gobierno español estima el número en al menos 114.000.

Tareas de exhumación en junio 2026 en el cementerio de Mansilla de las Mulas, León, en donde se buscan los cuerpos de cuatro personas asesinadas en diciembre de 1936.

El debate se reactivó con las leyes de Memoria Histórica (2007) -aprobada durante el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero- y Democrática (2022) -sancionada en el actual gobierno de Pedro Sánchez-. Con estas medidas el gobierno buscó cerrar una deuda pendiente reconociendo, reparando y dignificando a las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, así como “consolidar una memoria democrática basada en los valores constitucionales”.

Además, el Estado pasó a tener un papel activo en la búsqueda e identificación de desaparecidos en miles de fosas comunes con restos de víctimas, en su mayoría del bando republicano.

El veterano Escudé apoyó estas leyes “porque el pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla”. Aunque recordó también que “la tragedia de ayer puede convertirse en la farsa de hoy”, si se saca del contexto en que ocurrieron los hechos.

El veterano Joan Escudé, de 110 años

Las leyes volvieron a traer el debate político e histórico sobre la guerra y la dictadura a todos los ámbitos, desde el familiar hasta el académico

“Los gobiernos de Zapatero y Sánchez han tratado de sustituir el conocimiento histórico por una fabulación ideológica que ellos llaman ‘Memoria democrática’, pero que no es memoria, y menos, democrática”, comentó desde un punto de vista crítico a LA NACION Roberto Villa García, catedrático de Historia Política de la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

“Tratan de usar las instituciones para instalar el prejuicio de que la izquierda y sus aliados representaron históricamente la democracia y la libertad; mientras la derecha actual encarna la dictadura y el autoritarismo”, agregó.

Roberto Villa García, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos

El prólogo de la Segunda Guerra

Algunos historiadores señalan, por otra parte, que la Guerra Civil fue en realidad un laboratorio de pruebas del semillero de odio que agitaba a toda Europa por aquellos años. En ese extremo del continente se testearon estrategias y armamentos que seis meses después de terminada la guerra española desataron la más grave conflagración que sufrió el Viejo Mundo (1939-1945).

Efectivamente, la Alemania de Adolf Hitler intervino directamente en la guerra española con su Legión Cóndor. Y desde Italia Benito Mussolini sumó alrededor de 80.000 efectivos en apoyo de Franco, lo que consolidó el eje Roma-Berlín. La Unión Soviética de Stalin apoyó a los republicanos. Y por su parte las democracias europeas, especialmente Francia y el Reino Unido, adoptaron ante el conflicto español una posición de no intervención que envalentonó al eje fascista para animarse luego a llevar la guerra a todo el teatro europeo.

Fotografía de Guernica, capital del País Vasco, el 29 de abril de 1937, tras ser devastada por el bombardeo aéreo más terrible de la Guerra Civil Española. Cientos de civiles que se encontraban en la ciudad celebrando una fiesta patronal murieron en tres horas y media de bombardeo continuo, presuntamente a manos de aviones alemanes.Daily Herald Archive – SSPL

“Con nuestra visión eurocentrista hemos asumido que la Segunda Guerra comenzó el 1 de septiembre de 1939 con el ataque del ejército alemán contra Polonia. Pero realmente en el otro extremo del continente ya había empezado años antes, por lo que España fue el prólogo de una de las mayores catástrofes de la Historia”, sostiene el historiador y exdiputado del Partido Popular, Francisco Marhuenda.

“Una alegría contagiosa”

Cinco años antes del estallido de la Guerra Civil, millones de españoles habían festejado con alivio el 14 de abril de 1931 el rotundo triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales. El régimen republicano reemplazó pacíficamente a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y, según dijo en su carta de renuncia, el propio rey Alfonso XIII (bisabuelo de Felipe VI) decidió marchar voluntariamente al exilio “porque las elecciones me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”.

Como un testimonio vivo, Joan Escudé contó su experiencia personal de aquella caída de la dictadura, que había sido instaurada con el respaldo de Alfonso XIII, y habló de los aires de libertad que disfrutó en esos primeros años de republicanismo.

“En Cataluña hubo una alegría contagiosa entre la gente. Era una sensación de habernos sacudido de encima la losa que aplastaba a la población durante la dictadura. Imagínese que, aunque mi familia no sufrió especialmente la dictadura, además de las privaciones económicas y el hambre, teníamos prohibido hasta el uso de la lengua catalana fuera del ámbito privado”, recordó Escudé, que tenía 15 años cuando los republicanos llegaron al poder, y vivía con su madre y su hermano en la capital catalana.

El testimonio de un excombatiente de la Guerra Civil Española
El testimonio de un excombatiente de la Guerra Civil Española

El joven Escudé ayudaba en la economía familiar trabajando en la reparación de estilográficas en la famosa casa de lapiceras Parker, de Barcelona. Y además, a los 16 años comenzó a militar en el partido independentista Estat Català.

Pero el entusiasmo por la Segunda República española no llegaba a todos. Las reformas impulsadas por la República encontraron una fuerte resistencia en buena parte del estamento político, militar, religioso y empresarial.

“Desde 1936 el gobierno republicano fue manejando las instituciones para establecer un monopolio político económico y cultural, con la clausura de centros políticos, censura de prensa, ocupaciones de fábricas y fincas, y persecución religiosa”, señaló Villa García.

Agregó también que “entre febrero y junio de 1936, en solo cuatro meses, 870 templos, conventos y colegios católicos fueron saqueados, incendiados u ocupados por activistas de izquierda. Las escuelas católicas dejaron de funcionar, y en numerosas localidades directamente se prohibió el culto”.

Milicianos republicanos durante la profanación de una iglesia en Barcelona (Instituto Municipal de Historia, Barcelona)

En medio de ese clima de creciente radicalización política y violencia callejera, cuatro días después del asesinato del dirigente monárquico José Calvo Sotelo, el general Francisco Franco, comandante militar de las Islas Canarias, se sumó a la sublevación del 18 de julio de 1936, que marcó el inicio de la Guerra Civil.

Miles de jóvenes, algunos reclutados por la fuerza y otros voluntariamente, comenzaron a ser captados por nacionalistas y republicanos, a veces por convencimiento y otras, simplemente, porque su aldea adhería a uno u otro bando.

El catalán, Joan Escudé, segundo a la derecha, junto a otros combatientes

Joan Escudé, recordó que, a sus 20 años, “los ideales democráticos y catalanistas fueron el motor” para presentarse voluntariamente en el “Regiment Pirinenc” y defender al gobierno republicano.

En los tres años de combates estuvo varias veces al borde de la muerte. “En 1938, en la batalla de la Bolsa de Bielsa, un obús de artillería cayó justo al lado mío levantándome en el aire varios metros. Pero no llegó a estallar”, recordó Escudé.

Milicianos republicanos se preparan con morteros para atacar al bando nacionalista durante la Guerra Civil EspañolaKeystone-France – Gamma-Keystone

El conflicto, reflejado en infinidad de libros, documentales y películas, fue una terrible guerra fratricida con cientos de miles de muertos y crueles masacres y episodios de tortura entre vecinos, amigos y familiares.

Cuando terminaron los combates, Escudé fue llevado primero a un campo de concentración en Francia y luego regresó a Barcelona donde, ya durante el gobierno de Franco, por “rojo y separatista”, no pudo recuperar su empleo en la casa de estilográficas Parker y le fue imposible conseguir otros trabajos, por lo que con muchas dificultades abrió su propio taller de papelería y corrugado.

Las heridas de la guerra

Hasta el día de hoy, con más de medio millón de muertos en ambos bandos durante la guerra civil y luego 40 años de dictadura franquista, las heridas siguen atravesando varias generaciones españolas.

Emilio Silva Barrera, nieto del primer desaparecido del franquismo identificado con ADN, Emilio Silva FabaAna F. Barredo

“Mi abuelo, Emilio Silva Faba, fue asesinado por la Falange franquista el 16 de octubre de 1936, en los primeros meses de la guerra″, recordó a LA NACION Emilio Silva Barrera, fundador y presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), un grupo que lleva años trabajando en miles de fosas en las que fueron enterradas las víctimas de la guerra civil y de la posterior dictadura.

“Luego de emigrar primero a Buenos Aires y después a Nueva York, mi abuelo había regresado a España en 1925 y montó una tienda en Priaranza del Bierzo, León. Se casó y formó su familia. En los primeros meses de la guerra él continuó con su negocio, sin ningún tipo de actividad militar porque en esa zona no hubo combates. Pero, de todas maneras, en octubre de 1936 los falangistas lo secuestraron y lo mataron junto a otros 12 vecinos solo porque en la aldea se sabía que eran simpatizantes de Izquierda Republicana”, señaló Silva Barrera.

Seis décadas más tarde, en el año 2000, a partir de sus investigaciones como sociólogo y periodista, Silva Barrera localizó el sitio donde estaban enterrados “los trece de Priaranza”, y así puso en marcha la primera exhumación científica de una fosa común de víctimas del franquismo. Hasta ese momento todo se había hecho de forma artesanal con pico y pala, y sin identificación de ADN.

Desde entonces se han exhumado cerca de 17.000 cuerpos de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Del total recuperado, se estima que alrededor de una tercera parte ha logrado ser identificada genéticamente.

Una fosa común en Estepar, Burgos

Entre los casos de exhumación que más lo impactaron, Silva Barrera recordó el de Timoteo Mendieta (1898-1939), un comerciante carnicero, padre de seis hijos, sin actividad militar, de un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, que había sido jefe del sindicato local, conocido como la Unión General de Trabajadores (UGT). En aquel entonces, incluso siete meses después de terminada la guerra, eso fue motivo suficiente para una ejecución sumaria ya durante el gobierno de Franco.

Tras la muerte del caudillo en 1975, Ascensión Mendieta (la hija de Timoteo que en 1939, a sus 14 años, había abierto inocentemente la puerta de su casa a los falangistas que buscaban a su papá), luchó sin éxito para que las autoridades democráticas le revelaran el sitio donde estaba enterrado su padre.

Ante la falta de avances judiciales en España, incluso viajó a Buenos Aires en 2013, a sus 88 años, para declarar ante la jueza María Servini de Cubría, impulsando el principio de justicia universal para investigar los crímenes del franquismo.

“No se me borra de la memoria la reacción de Ascensión Mendieta cuando finalmente en 2017, con nuestros propios recursos, pudimos identificar los restos de su papá y darles sepultura”, recordó Silva Barrera. “Luego de que la urna con los restos quedó bajo tierra ella pegó un grito desgarrador, estremecedor, del dolor contenido durante ocho décadas. Su expresión fue luego: ‘¡Pobrecito! Toda una vida bajo tierra’“.

Batalla por la memoria

Más allá del anhelo de los familiares de las víctimas que aún luchan por identificar y dar digna sepultura a miles de caídos enterrados anónimamente en fosas comunes, algunos historiadores sostienen que el gobierno ha utilizado las políticas de memoria para obtener provecho político de esta tragedia.

“El gobierno ha sufrido un constante retroceso electoral y aprovecha la Guerra Civil para descalificar las opciones liberales y conservadoras, a las que denomina herederas de la dictadura de Franco. Por eso ni siquiera habla de la enorme cantidad de víctimas asesinadas también por los militantes republicanos, por ejemplo, en la Matanza de Paracuellos a fines de 1936″.

Solo en esa ejecución sumaria -no en un combate-, se estima que fueron asesinados unos 3000 prisioneros, civiles, militares y religiosos.

Según sostiene Villa García el motivo fue que “el gobierno republicano de entonces consideró que se trataba de personas afines al bando nacional”.

Cementerio de los mártires, donde fueron enterradas las víctimas de la matanza de Paracuellos, asesinadas por fuerzas republicanasElentir

En este clima de tensiones en torno a la memoria histórica, en su última visita a España del mes pasado, el propio papa León XIV ofició una misa en recuerdo de 63 mártires agustinos ejecutados por los republicanos en Paracuellos. Su único “delito”, según los registros, fue admitir que eran sacerdotes, monjes o seminaristas católicos.

Así, los debates del pasado llegan hasta el presente rememorando la frase del poeta Antonio Machado: “Todo pasa y todo queda”.

Mientras desde un sector reclaman una memoria completa de las víctimas de ambos bandos, otros enfatizan que hay una desproporcionada relación si se toma en cuenta la cantidad de muertes que dejaron cuatro décadas de franquismo.

Arco de la victoria franquista, en Madrid

Y mientras en Paracuellos de Jarama, en el “Cementerio de los mártires”, yacen miles de víctimas de los republicanos bajo cruces anónimas, en pleno centro de Madrid todavía se yergue -de manera ignominiosa para muchos- el Arco de la Victoria, de 1956, construido para celebrar el triunfo final de Francisco Franco.

Al tope del arco, en el friso, una inscripción en latín rinde homenaje final a “las armas vencedoras” (Armis hic victricibus) de la guerra fratricida.

“Pareciera que la Humanidad no aprende, y que el vocerío de entonces regresa renovado al presente”, reflexionó el catalán Joan Escudé.




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