Hace justo un mes celebramos el Congreso Maizar 2026, el principal encuentro y foro de debate de las cadenas del maíz y el sorgo de la Argentina. A diferencia de años anteriores, en donde buscábamos hacer conocer las posibilidades de desarrollo territorial, industrial, social y económico ligadas a la producción y transformación de ambos cereales, en esta vigésima edición nos enfocamos en cómo hacer que eso suceda. De allí el lema que elegimos: “Del potencial a los resultados”.
¿Por qué creemos que es un buen momento para dar este paso? Por un lado, porque vemos que el actual gobierno ha avanzado en la estabilización macroeconómica y en algunas medidas clave para promover inversiones, como la unificación del tipo de cambio; el equilibrio fiscal; el impulso a las inversiones a través del RIGI y el RIMI; la quita de trabas burocráticas asfixiantes; la eliminación de los cupos de exportación; la reducción de los derechos de exportación.
Este escenario es diametralmente opuesto y claramente mejor del que teníamos en administraciones anteriores, y muestra un rumbo acertado. Sin embargo, hace falta acelerar el ritmo, particularmente en materia de retenciones: hoy la soja, el cultivo más castigado por este tributo, sacrifica entre US$ 300 y 500 por hectárea por este concepto. Es clave acelerar la rebaja de las retenciones ni bien las cuentas fiscales lo permitan, a fin de que el sector agropecuario, que ha quedado relegado frente a otros, logre también expresar todo su potencial.
Por otro lado, hoy también es más favorable la política, y esto es en buena medida resultado del trabajo de acercamiento y diálogo que nuestro sector ha venido entablando con los legisladores a través de distintas instituciones. Hoy tenemos en el Congreso tres proyectos de ley muy importantes para nuestra actividad, prontos a debatirse en el Congreso Nacional. El de Biocombustibles, que cuenta con un amplio consenso, permitirá desarrollar el etanol de maíz (y por qué no el etanol de sorgo, como ocurre en países vecinos) en zonas lejanas a los puertos donde hoy no es rentable producir, generando con ello todo un cluster de actividades asociadas, como ya ocurre en el sur de Córdoba. Además, se encuentran en el Parlamento los proyectos de ley de Fertilizantes y de Semillas, que abarcan temas fundamentales para garantizar la producción en el largo plazo. A la manera de Brasil, necesitamos construir para el sector políticas públicas decididas y potentes, capaces de sostenerse gobierne quien gobierne.
En el caso del maíz, el actual contexto nos acerca a nuestro objetivo de alcanzar los 100 millones de toneladas cosechadas, que esquematizamos con la fórmula 10×10 (sembrar 10 millones de hectáreas que produzcan 10 toneladas en promedio). El año pasado, cuando lo planteamos, estábamos en la mitad: una producción de 50 millones de toneladas, con un 7×7. Esta campaña, la cosecha marcará un nuevo récord, superando cómodamente los 60 millones de toneladas. Es decir, ya estamos en un 8×8: mucho más cerca del objetivo, y una muestra más de que el sector responde positivamente a las mejoras de condiciones.
En ese crecimiento colaborarán las nuevas zonas productivas que se están desarrollando en la Patagonia, sobre todo en el norte, en los valles del Río Negro. Los rendimientos excepcionales que obtiene la producción de maíz bajo riego allí están permitiendo un crecimiento sostenido de la ganadería bovina en la región, y generando un entusiasmo inversor.
El incremento de la producción maicera se enfrenta, no obstante, a desafíos importantes, relacionados con la dificultad extra que siempre implica trabajar con biología. Uno central es la “chicharrita”. En las zonas endémicas del NEA y el NOA, esta plaga tiene hasta el momento muy altos niveles poblacionales, de acuerdo con lo que se observa en los monitoreos quincenales que realiza la Red Nacional de Dalbulus maidis, Hoy, en gran medida gracias a la Red, que está cumpliendo ya dos años de trabajo, hemos acumulado conocimiento sobre la dinámica de este insecto en distintas regiones, y estamos mucho mejor parados frente a él. Sabemos que su evolución en las zonas endémicas esta campaña va a depender de las condiciones ambientales y el alimento que encuentre. Por eso, será crucial monitorear muy bien la salida del invierno, evaluando el impacto de las heladas sobre las poblaciones y los maíces espontáneos, y en función de ello encarar estrategias no individuales sino en conjunto, para llevar adelante un manejo coordinado por zonas agroecológicas.
En cuanto al sorgo, también seguimos trabajando para que se acerque a su potencial. Necesitamos, por un lado, incorporar más tecnología, y por otro, trabajar en toda la cadena para mejorar la calidad de exportación del grano producido, de modo de poder competir mejor en los mercados internacionales.
La mayor producción de granos que estamos logrando con estos cultivos no sólo requiere una mayor industrialización local como la que generan los biocombustibles, sino también desarrollar más y mejores mercados externos. En este sentido, valoramos fuertemente el trabajo que están llevando adelante la Cancillería y la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional, con el objetivo de abrir nuevos destinos, posicionar los alimentos argentinos en el exterior y participar en negociaciones estratégicas, como el acuerdo Mercosur-Unión Europea, el acuerdo con Estados Unidos y otras gestiones bilaterales para obtener más acceso y menores aranceles.
Es hora de dejar de desperdiciar oportunidades: tenemos un país capaz de producir grandes cantidades de alimentos y energía cuidando el ambiente y generando economías regionales fuertes, que cuenta con disponibilidad de agua, un clima privilegiado y gente capacitada, lejos de los conflictos bélicos y sin tensiones migratorias. Nuestro potencial es enorme; pero hay que realizarlo, transformarlo en resultados. Aprovechemos el cambio que se está dando en lo macroeconómico, potenciémoslo haciendo que se le den al agro las mismas reglas de juego que se le otorgan a los sectores de energía y minería, para que podamos expresar todo nuestro potencial y contribuir así al crecimiento y desarrollo del país.
El autor es presidente de Maizar

