Cuando comenzamos a preparar el 62° Coloquio de IDEA nos propusimos mirar más allá de la coyuntura: nos preguntamos cuál es el camino para que la Argentina sostenga durante los próximos veinte años un proceso de crecimiento, inversión, empleo y desarrollo.
Después de tres días de conversaciones en Mar del Plata, con más de mil participantes y voces provenientes de ámbitos muy diferentes, entendí que muchas de las respuestas que buscamos ya existen y son conocidas. Lo que falta es convertirlas en una hoja de ruta compartida y sostenida en el tiempo.
Al hacer un balance, quiero detenerme en lo que aprendí. El expresidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, nos mostró que la estabilidad no depende solamente de las variables económicas, necesita instituciones sólidas, previsibilidad y que la sociedad incorpore a la estabilidad como valor central a la hora de decidir su voto.
Me quedo con una frase: “La estabilidad no se construye con grandes recetas ni con grandes actos. Es en dosis homeopáticas”. Pequeños actos sostenidos en el tiempo. Cada nuevo acto no destruye, sino que construye sobre el anterior.
El testimonio del fiscal Diego Luciani nos confirmó el valor de la independencia de la Justicia. Una economía puede tener recursos naturales extraordinarios, empresas competitivas y oportunidades de inversión. Pero necesita reglas claras, seguridad jurídica e instituciones que funcionen para que esas oportunidades puedan concretarse.
Otra enseñanza vino de los mercados internacionales. Pablo Goldberg, de BlackRock, aportó la mirada de alguien que evalúa sistemáticamente muchos países del mundo con el fin de decidir inversiones. Los mercados también tienen memoria, fue una de las frases que más me llegó de su presentación, aludiendo al pasado de incumplimientos de la Argentina.
Recordó un análisis que hizo en 2011 sobre nuestro país y que sigue vigente: “Dejemos de pensar en cómo aceleramos el crecimiento y empecemos a pensar en cómo bajamos la volatilidad”, recordó.
Para que llegue inversión de largo plazo debemos construir credibilidad. Eso requiere demostrar que las reglas pueden sostenerse, que los compromisos se cumplen y que la Argentina puede dejar atrás los ciclos de inestabilidad que durante décadas hicieron que invertir en nuestro país significara un riesgo adicional.
Hubo otras enseñanzas que surgieron de analizar qué hicieron otros países: Uruguay, Israel, Australia, Irlanda y otros que atravesaron procesos muy diferentes, pero encontraron una manera de sostener planes de estabilización durante períodos prolongados.
No se trata de copiar -cada país tiene su historia, sus instituciones y sus propias condiciones- sino de aprender de ellos.
“Muchas de las cosas que se hicieron a principios del plan se fueron cambiando a medida que pasaba el tiempo. Pero no importaba el partido político en el poder. Las reglas son claras para todos y las reglas son las mismas para todos”, subrayó Esteban Klor, profesor en el Departamento de Economía de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Lo interesante es que muchas de las personas que pasaron por el escenario del Coloquio, desde lugares y experiencias completamente diferentes, terminaron señalando en esencia el mismo camino que IDEA viene planteando.
La Argentina tiene recursos extraordinarios: energía, minería, alimentos, talento y posibilidades de desarrollo tecnológico. Pero las oportunidades no se convierten automáticamente en desarrollo.
Para hacer posible la inversión, necesitamos infraestructura, financiamiento, un sistema tributario que no castigue la producción, regulaciones razonables, mercados de capitales profundos y una apertura inteligente al mundo.
Y necesitamos, fundamentalmente, capital humano.
Por eso la educación tuvo un lugar central en este Coloquio. Porque no podemos pensar en veinte años de crecimiento si no somos capaces de formar a las personas que van a protagonizar esa transformación.
La pérdida de aprendizajes, el deterioro de la educación y los cambios demográficos no son problemas que puedan esperar.
La Argentina va a atravesar el próximo año una nueva elección. Esto no debería generar incertidumbre. Justamente por eso tenemos que preguntarnos qué cuestiones deberían quedar por encima de los ciclos electorales.
Si queremos construir veinte años de crecimiento, necesitamos un rumbo claro y compartido que pueda trascender a los ciclos políticos. Se trata de acordar sobre aquello que no podemos volver a poner en discusión cada cuatro años.
La estabilidad macroeconómica. El equilibrio fiscal. El respeto por las instituciones. La seguridad jurídica. La educación. La integración competitiva con el mundo.
Después de escuchar durante tres días a empresarios, inversores, dirigentes, especialistas y referentes internacionales, tengo la certeza de que sabemos mucho más de lo que creemos sobre el camino que tenemos que emprender.
Ahora tenemos que hacer algo más difícil: recorrerlo y sostenerlo durante veinte años.
El autor es CEO de Grupo Galicia. Presidió el 62° Coloquio

