La desigualdad tuvo un leve aumento en el primer trimestre del año. Según datos del Indec, el coeficiente de Gini –medida estadística en la que cero es igualdad perfecta y uno, desigualdad máxima– fue en ese período de 0,442, mientras que en igual período de 2025 había sido de 0,435.
Se trata de un indicador que en los últimos años no ha tenido variaciones bruscas. En la serie que publica el instituto estadístico se observó que en el cuarto trimestre de 2025 fue 0,427, mientras que en igual período de 2024 había sido de 0,430. Si se comparan los primeros trimestres del año, se ve que el de 2024 cerró en 0,467, el de 2025, como se mencionó, en 0,435, y el de 2023, en 0,446.
La economista Ana Viganó, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), opinó que este dato confirma la persistencia de un patrón estructural en la Argentina: la desigualdad no cede incluso en contextos de mayor estabilidad de precios. “Detrás de este comportamiento aparece un factor central, que es la calidad del empleo. La heterogeneidad laboral es clave para entender la rigidez de la distribución del ingreso. No se trata solo de la evolución del salario promedio, sino de la coexistencia de realidades laborales muy distintas dentro del mercado de trabajo”, explicó.
Para Viganó, si bien se observa cierta recuperación del ingreso medio de los hogares en términos reales, esa mejora es marcadamente desigual entre deciles. “Los hogares ubicados en la parte media y alta de la distribución capturan una mayor proporción de la recuperación, mientras que los estratos más bajos permanecen relativamente rezagados”, comentó.
Además, la economista de Idesa analizó que la mayor parte de los ocupados se encuentra en condiciones de informalidad —asalariados no registrados y cuentapropismo de baja productividad—, lo que implica partir de una base de ingresos más baja e inestable. “En este contexto, la baja de la inflación contribuye a recomponer ingresos y reducir la pobreza, pero tiene efectos acotados sobre la desigualdad si no se acompaña con reformas que mejoren la calidad del empleo”, concluyó.
Fiorella Scalise, economista de la consultora EcoGo, señaló que en el primer trimestre de este año el género y la precariedad laboral siguieron actuando como ejes en la desigualdad. “La informalidad sigue concentrada en los deciles más bajos, un espacio donde las mujeres están doblemente sobrerrepresentadas. Esta dinámica se refleja en el decil 1, donde el 61% de los ingresos proviene de fuentes no laborales”, explicó.
Según Scalise, “más que una crisis transitoria, estos datos sugieren hogares con una inserción laboral marginal y estructuralmente débil, donde el sistema de transferencias estatales sostiene la subsistencia, pero no logra transformar la realidad ni sustituir las condiciones laborales que el mercado nunca generó”. Además, opinó que “mientras persista la brecha entre el empleo formal e informal, y esta continúe cruzándose con las desigualdades de género y de ingresos, el desafío será generar políticas públicas capaces de revertir esta situación”.
Ingreso promedio
Asimismo, en el informe del Indec, también se indicó que el ingreso promedio de los argentinos en el primer trimestre del año ascendió a $1.153.457. Se trata de una cifra que todavía parece escasa, si se tiene en cuenta que una familia tipo (de cuatro integrantes) necesitó en marzo (último mes del trimestre) $1.434.464 para no ser pobre.
En la estadística sobre la distribución del ingreso se puede observar, además, que persiste la desigualdad de género. Mientras que el ingreso medio de varones es de $1.352.247, el de las mujeres asciende a $959.030.
La suma total de ingresos para el total de la población de referencia fue de $21.909.502 millones, lo que significó un incremento nominal de 35,6% en relación con igual trimestre de 2025. En tanto, el ingreso promedio per cápita del total de la población económicamente activa, que corresponde a 30,1 millones de personas, alcanzó $728.008.

