Bajo un cielo diáfano que caracteriza a los oasis cuyanos, la provincia de San Juan se convirtió en el epicentro de una jugada política que reconfigura los tableros del peronismo. La llegada de Máximo Kirchner no fue una escala más en su raid por el interior federal; el desembarco —precedido por la tensión de un operativo vial que lo mantuvo demorado en territorio puntano— supuso una postal de alto voltaje estratégico junto al exgobernador y actual senador nacional Sergio Uñac. Lejos de amedrentarse por los contratiempos de tránsito, el líder de La Cámpora había ratificado su rumbo con firmeza: “No es la primera vez que lo intentan, no va a ser la última, no se cansan, nosotros tampoco”, sentenció antes de pisar suelo sanjuanino.
Ya en la provincia, la jornada comenzó lejos de los estrados partidarios, en el departamento de Albardón y en zonas rurales del oasis productivo. Allí, rodeados de verde, tierra cultivada y productores locales dedicados al ajo, el tomate y el pistacho, Uñac ejerció de anfitrión. Entre surcos y tractores, el diálogo institucional y político se corporizó en las urgencias de las economías regionales y el impacto del ajuste.
Frente a la militancia y cuadros técnicos, Kirchner profundizó sus críticas al rumbo económico nacional y al poder judicial, disparando conceptos filosos sobre el modelo vigente y el rol de las instituciones. “Cuando nosotros decimos justicia fiscal por equilibrio social, quiere decir que nadie va a dejar de ganar, pero muchos van a dejar de perder. Tenemos que lograr que las familias argentinas dejen de tener la calculadora en la cabeza todo el tiempo”, exclamó el diputado, sintetizando el eje de su propuesta ante la pérdida de poder adquisitivo.
En esa misma línea discursiva, el referente peronista apuntó contra los consensos judiciales que afectan la soberanía y los recursos estratégicos, cuestionando duramente los fallos de la Corte Suprema que —según advirtió— desatienden los intereses nacionales. Por su parte, Uñac respaldó la necesidad de consolidar una alternativa de fuerte impronta federal, donde las provincias dejen de ser meras espectadoras y se conviertan en el motor de la reconstrucción partidaria y económica.
El termómetro político subió de temperatura al trasladarse al Partido Justicialista sanjuanino. El conversatorio reunió a intendentes, legisladores nacionales y dirigentes dispuestos a mostrar volumen. La alianza táctica y estratégica entre Uñac —quien recorre el país con aspiraciones presidenciales— y el kirchnerismo puro dejó lecturas contundentes sobre la necesidad de ordenar las diferencias internas a través de herramientas democráticas como las PASO o mecanismos de competencia transparente.
Entre mates, formalidades institucionales y cruces de análisis sobre la coyuntura, el diálogo entre Uñac y Kirchner ratificó que el peronismo intenta pasar de la defensiva a la propuesta. San Juan funcionó así como un laboratorio político: un espacio donde el sol cuyano iluminó una tregua necesaria y un entendimiento pragmático, tejiendo los primeros hilos de un entramado que ya mira, sin disimulos, hacia el horizonte electoral de 2027.

