En La Rioja ya no gobiernan: hacen rifas geológicas con la desesperación de un tipo que encontró la billetera vacía el día del alquiler. Cada vez que en San Juan aparece una inversión minera, el gobernador de La Rioja Ricardo Quintela, entra en modo detector de plata ajena y empieza a mirar los mapas como perro hambriento mirando un asado. “¡Eso támbien es nuestro!”, gritan desde el otro lado, mientras alguno busca en Wikipedia que carajo es Lunahuasi.
El Gobierno de San Juan les respondió con datos, leyes y límites históricos. Básicamente les dijeron: “Muchachos, el proyecto está en San Juan y ustedes inventan un conflicto porque necesitan caja, están desesperados por guita”. Y ahí se terminó el misterio, porque el problema no es geográfico, es financiero. Quintela está tan desesperado por morder guita que ya parece un cazador de subsidios con mapas imaginarios. Necesita plata para sostener una estructura provincial inflada de planes y militancia rentada que consume presupuesto como termita que se tomó 3 latas de Red Bull. Entonces cada mina sanjuanina le provoca el mismo efecto que a un náufrago viendo un crucero; ansiedad, delirio, y esperanza de salvarse.
Mientras San Juan trabaja para atraer inversiones, generar empleo y convertirse en la locomotora minera del país, en La Rioja gobiernan como si todavía estuvieran administrando un kiosco quebrado en 1999, cuando Menem dejó de ser presidente. Acá se discute producción, cobre y desarrollo, allá discuten cómo llegar a fin de mes sin inventar un conflicto limítrofe nuevo con San Juan.
El Gobierno de San Juan fue clarísimo; los límites están definidos hace décadas y Lunahuasi pertenece a territorio sanjuanino, pero Quintela insiste con la misma intensidad de un jugador de truco perdiendo 29 a 0 y cantando “quiero retruco” porque no le queda otra. La escena ya es tragicómica; San Juan produce inversiones, La Rioja produce comunicados llorones.
Y mientras en San Juan llegan y llegaran empresas internacionales, empleo y miles de millones de dólares, Quintela anda recorriendo canales de televisión como vendedor de enciclopedias usadas, tratando de convencer a alguien de que el mapa argentino cambió porque a él no le cierran las cuentas provinciales.
Lo más increíble es que quieren disfrazar de “defensa territorial” lo que en realidad es una desesperación presupuestaria monumental, no reclaman soberanía, reclaman guita, dólares, rupias, pesos, euros, crefis, patacones, lecop. Cuando el modelo económico provincial depende más de la capacidad que tenés para mendigar, que de la producción, cualquier montaña con cobre empieza a parecerles una alcancía inmensa para morderla y no dejarla de morder.
San Juan avanza, La Rioja mendiga, y Ricardo Quintela, cada vez que escucha la palabra “minería”, corre más rápido que un puntero político cuando anuncian reparto de bolsones.

