BARI, Italia.– El presidente norteamericano, Donald Trump, puede haberse distanciado de la primera ministra Giorgia Meloni, su antigua aliada. Pero ya sea en la bahía de Nápoles, en las islas de Venecia o en la ciudad portuaria de Bari, Tilman Fertitta, el multimillonario texano que se desempeña como embajador de Estados Unidos en Roma, despliega un seductor canto de sirena ante las élites políticas italianas a bordo de su megayate de 117 metros, el Boardwalk.
Una reluciente embarcación con cubierta de teca, valuada en 450 millones de dólares, que alberga las fiestas más exclusivas del abrasador verano italiano como parte de una gira diplomática costera de dos meses y medio.
Directores ejecutivos y figuras del deporte se mezclan con funcionarios nacionales, gobernadores y alcaldes. Todos se reúnen en los numerosos bares del Boardwalk, mientras contemplan sus dos helipuertos, dos piscinas, cuatro jacuzzis, una sala de buceo al estilo de James Bond y un spa y gimnasio completamente equipado.
Todo esto, financiado de su propio bolsillo por el embajador estadounidense, con la excepción de la seguridad proporcionada por el Estado.
Fertitta –la 312° persona más rica del mundo, según Forbes– puede permitírselo.
Con una fortuna estimada en 11.100 millones de dólares, el bisnieto de inmigrantes sicilianos es una de las personas más ricas que jamás haya ocupado el cargo de embajador de Estados Unidos. Mientras recorre la península italiana en una exhibición flotante de consumo ostentoso, el empresario de 69 años, propietario de los Houston Rockets, Bubba Gump Shrimp y los hoteles y casinos Golden Nugget, se está convirtiendo en la personificación de la diplomacia de la era Trump.
Rico entre los ricos
No hay nada nuevo en que los embajadores estadounidenses sean ricos, especialmente en Europa occidental, donde los grandes donantes políticos suelen ocupar puestos diplomáticos codiciados, en parte para afrontar los costos astronómicos de las recepciones y eventos oficiales. Pero durante el segundo gobierno de Trump, el 90% de las nominaciones de embajadores estadounidenses son designaciones políticas en lugar de diplomáticos de carrera, una proporción muy superior a la de otras administraciones recientes.
Esto se ha traducido en un desfile de personas ricas y políticamente influyentes dentro del cuerpo diplomático estadounidense, incluida una nueva camada de embajadores multimillonarios, entre ellos el consuegro de Trump, Charles Kushner; el banquero Warren Stephens y el magnate de productos para el cuidado del cabello Leandro Rizzuto Jr.
Incluso dentro de ese grupo, Fertitta se destaca.
“Tenemos un embajador que tiene distinción, y a los italianos les gusta eso”, dijo Fertitta, con su marcado acento texano, a bordo del Boardwalk, antes de una fiesta en el yate en Bari a la que asistieron políticos locales, militares y otras personalidades.
“Les gusta saber que son lo suficientemente importantes para nosotros como para que vengan a nuestra ciudad en su gran barco, nos rindan homenaje y nos reciban en su casa. Eso es lo que escucho de la gente”, agregó.
Aun así, sus críticos sostienen que su diplomacia al estilo de “Love Boat” plantea interrogantes sobre la combinación de la riqueza personal con la misión del gobierno, y consideran que es un ejemplo de cuánto se han erosionado las normas durante el segundo gobierno de Trump.
“Los embajadores políticos suelen utilizar su riqueza personal para mejorar la residencia”, dijo Barbara Bodine, especialista en diplomacia de la Universidad de Georgetown y exembajadora de Estados Unidos en Yemen. “¿Pero hacer tanta ostentación? Mi reacción cuando me enteré de que (…) estaba ahí, en ese yate, fue que esto es inapropiado”.
Fertitta responde que su riqueza, su posición y su acceso personal a Trump son recursos que otros no podrían aportar a la mesa –o a la proa de un barco de lujo, en este caso.
Un equilibrista entre Trump y Meloni
El hecho de que un hombre tan rico siquiera optara por ser embajador sorprendió a muchos de quienes lo conocían. Aun así, como embajador, está viviendo el Sueño Americano de los italoestadounidenses. Fertitta dijo que siempre fue una de sus dos grandes ambiciones. Después de haber cumplido la de “ser dueño de un equipo deportivo local”, era la única que le quedaba.
Su estilo de vida se ha convertido en tema de conversación tanto para los medios tradicionales italianos como para las columnas de chismes.
Cuando llegó a Roma el año pasado, gastó 2 millones de dólares de su propio dinero para renovar Villa Taverna, la lujosa residencia del embajador estadounidense, y durante tres semanas utilizó un helicóptero para trasladarse al trabajo desde otro superyate.
El Boardwalk, su nuevo y renovado megayate, llegó en mayo. Fertitta calcula que la gira costera –organizada en parte para celebrar el 250.º aniversario de Estados Unidos, pero también para evitar las nuevas obras de renovación que se están llevando a cabo en la residencia de Roma– ya le está costando 1 millón de dólares de su propio bolsillo.
Fertitta intenta ganarse el favor de un país más receptivo hacia los estadounidenses que muchos otros de Europa, pero donde los ataques de Trump han provocado una ruptura abierta con su antigua aliada Meloni.
El embajador recuerda una cena en la residencia de Trump en Mar–a–Lago, Florida, a la que asistió junto al presidente y Meloni, cuando los dos líderes todavía eran grandes aliados a ambos lados del Atlántico. Se llevaban “bien”, dijo Fertitta.
La relación se quebró por la negativa de Italia a apoyar la guerra en Irán, un conflicto que Meloni ha calificado de contrario al derecho internacional. Cuando Trump y Meloni protagonizaron una pelea de memes propia de estudiantes secundarios, con una réplica tras otra, Fertitta intentó bajar el tono y aconsejó a los italianos que la disputa era una estrategia destinada al fracaso.
“Lo que les he dicho es: ‘No quieren entrar en un partido de vóleibol verbal con Donald Trump’ porque es implacable y va a ganar”, dijo Fertitta. “Donald Trump es una persona encantadora y simplemente hay que saber (…) los políticos de todo el mundo tienen que saber cómo manejarlo”.
Fertitta insiste en que Trump “no tiene ningún problema personal” con Meloni y que simplemente está expresando su frustración con la OTAN.
“Si no te hace pasar un mal momento, entonces no valés ni siquiera el tiempo del día”, dijo Fertitta.
Tanto en público como en privado, miembros del círculo íntimo de Meloni dicen que Fertitta se ha ganado su confianza.
“Desde nuestro punto de vista, su principal [virtud] es que quiere a Italia y siente una conexión profunda con el país”, dijo el ministro de Defensa, Guido Crosetto.
“La otra ventaja es que Trump lo respeta”, dijo Crosetto. “Es una de las pocas personas que puede llamarlo y hablar con él durante media hora sobre cualquier tema”, agregó.
Fertitta es conocido por esparcir su polvo de hadas de multimillonario cuando hace falta. Crosetto, aficionado al básquet, recordó una conversación en la que mencionó a uno de sus jugadores favoritos: Shaquille O’Neal. Fertitta lo miró y dijo: “¡Llamémoslo!”.
Cuando una mujer atendió y dijo que la leyenda retirada estaba durmiendo, Fertitta respondió: “Despiértelo”. Poco después, el ministro de Defensa italiano se encontró conversando con Shaq.
“No hay ningún problema con nuestra amistad con Estados Unidos”, dijo Crosetto.
Sin embargo, algunos de los aliados de Fertitta, como Ignazio La Russa, presidente del Senado de la República y cofundador del partido de Meloni, se han resistido este verano al llamado del Boardwalk, al considerar que la imagen que proyecta no es la adecuada.
“Le prometí que iría, pero todavía no lo hice”, dijo La Russa. “No quiero causarle ningún problema ni incomodidad a él ni al gobierno. Si no hubieran ocurrido los acontecimientos de las últimas semanas, quizá (…) Ya veremos más adelante”.
¿Demasiado para Europa?
Para sus críticos en Italia, sin embargo, Fertitta es un símbolo del ascenso de una oligarquía estadounidense y de su avance sobre el gobierno y la diplomacia.
Cuando el Boardwalk atracó en Venecia el mes pasado, varios cientos de manifestantes lo recibieron. Algunos corearon “No hay lugar para los multimillonarios” y “Venecia no es Estados Unidos”. Dirigentes del Partido Verde exigen conocer el costo, que no ha sido revelado, de la seguridad proporcionada por el Estado italiano, incluidos los barcos de escolta y de seguridad.
Italia quizás tenga una relación diferente con la riqueza que otros países europeos, como Gran Bretaña, donde la ambición puede ser vista como un defecto de personalidad. Esta es la tierra donde Gucci y Versace ayudaron a definir el lujo ostentoso y donde alguna vez reinó el culto político al multimillonario y playboy Silvio Berlusconi.
Pero incluso aquí, la élite italiana puede considerar que las demostraciones de riqueza al estilo estadounidense violan las normas del buen gusto. Y aunque algunos sectores de la izquierda política han bebido champagne gustosamente a bordo de su yate, otros han criticado duramente la gira.
Angelo Bonelli, diputado nacional y copresidente de la Alianza Verdes e Izquierda, inició una investigación parlamentaria para exigir precisiones sobre el costo para Italia del despliegue de policías, helicópteros y barcos utilizados para garantizar la seguridad durante la gira de Fertitta. El gobierno de Meloni no ha dado una respuesta y tampoco respondió a una consulta de The Washington Post.
Bonelli estima que el costo asciende a “3 a 4 millones de euros” (3,5 millones a 4,6 millones de dólares). También calificó la gira de directamente vulgar y alejada de las normas italianas. “Semejante exhibición de riqueza es, francamente, odiosa”, dijo. “En Europa, o al menos aquí, no funciona”.
Sin embargo, Fertitta ha conseguido algo: generar repercusión.
Fue noticia cuando atracó en Cefalù, Sicilia, la ciudad de sus antepasados, donde el obispo local le entregó documentación que rastrea la historia de su familia hasta 1566.
En Bibione –entre Venecia y Trieste–, el Boardwalk atracó mientras Fertitta llevaba a su hija a un parque de diversiones, y un medio italiano escribió con tono poético sobre un “vínculo profundo y sincero” con la región.
Algunos embajadores de Trump –como Bill White, el polémico enviado estadounidense en Bélgica, que se ha enfrentado con periodistas locales y ha generado malestar entre las autoridades– se han convertido en ideólogos del movimiento MAGA.
Fertitta se describe a sí mismo como un “conservador”, pero dijo que ha apoyado a los demócratas cuando considera que “tienen razón”. Hace tres años, en Houston, se desempeñó como director financiero de John Whitmire, ayudando a impulsar al demócrata hacia la victoria en la elección para alcalde de la ciudad.
Consultado sobre por qué uno de los hombres más ricos del mundo dejaría Texas y su imperio con sede en Estados Unidos para desempeñarse como embajador en Italia, Whitmire dijo en una entrevista: “Sabés, es una muy buena pregunta”.
Whitmire dijo que se sintió “sorprendido” cuando se enteró de la noticia, pero agregó: “Es un italiano orgulloso y un estadounidense orgulloso (…) obviamente, sabe que es un honor y pensó que quizás no tendría otra oportunidad”.

