OSLO (AFP).- “Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con [Donald] Trump”, bromeó Navanethem “Navi” Pillay este viernes tras enterarse, en medio de las ovaciones, de que había ganado el premio Nobel de la Paz.
Esta primera reacción fue captada por la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, en Núremberg -Alemania- y publicada en la red social X.
Dijo que la llamaron para que dejara su escritorio y un hombre llamado Cristoph le dijo que había ganado. “Debe ser una broma, como abogada y jueza todavía quiero verificar esto”, bromeó.
En su discurso improvisado, Pillay destacó haberse enterado del premio estando con amigos y colegas que apoyan los derechos humanos.
Luego, se refirió al informe sobre Gaza que lideró en la ONU. “Lo último que hice fue entregar el informe sobre Gaza, calificando lo que está sucediendo allí como genocidio”. De 85 años, Navi Pillay presidió, entre otros, la comisión de investigación independiente de la ONU que concluyó el año pasado que Israel cometió un genocidio en la Franja de Gaza. Israel rechazó el informe por considerarlo “escandaloso”. Actualmente ejerce como jueza en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en el caso en el que Myanmar está acusada de genocidio a integrantes de minorías.
Trump y el Nobel
El año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó que él se merecía ganar el premio Nobel de la Paz. Este le fue otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien después de recibirlo le entregó su medalla de oro al mandatario estadounidense, al considerar que él la merecía, sin recibir, sin embargo, su apoyo político a cambio.
Pese a su insistencia las aspiraciones de Trump al Premio Nobel de la Paz parecían haber quedado en suspenso en el último tiempo. La guerra continúa latente en Irán, los estadounidenses sufren los altos precios de la nafta y el presidente dedica mucho menos tiempo que antes a recibir a líderes extranjeros en el Despacho Oval. En este marco el republicano dejó de hablar en gran medida del premio, aunque no por completo.
Por ahora, Trump parece resignado a esperar su oportunidad. Otros reconocimientos sí le llegaron con mayor facilidad: en diciembre, la FIFA, la federación internacional de fútbol, le concedió un premio de la paz que creó especialmente para él.
“Probablemente ningún presidente haya resuelto ninguna guerra. Yo resolví ocho guerras y guerras importantes”, dijo Trump el miércoles en el Despacho Oval, cuando le preguntaron por el inminente anuncio.
Esta mañana, el republicano se limitó a repostear desde su cuenta de Truth Social el duro mensaje de uno de sus abogados, David Schoen. “Pillay odia abiertamente a Estados Unidos e Israel. En su cargo, celebró a terroristas y recompensó a Hamas. Llevó a cabo una falsa ‘investigación’ afirmando haber encontrado que Israel cometió genocidio e instando a su enjuiciamiento. Carece de credibilidad en cualquier ámbito y jamás ha hecho nada por fomentar la paz”, afirmó el letrado.
Y luego elogió al republicano: “Trump nos dio los Acuerdos de Abraham [pactos de normalización de relaciones firmado en 2020 entre Israel y países árabes, mediados por EE.UU.] que el mundo consideraba imposibles, ¡y ahora los está ampliando! ¡Liberó a los rehenes cuando todo parecía perdido! Está haciendo todo lo posible por poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, por detener a Irán, y está intentando reconstruir Gaza. ¡Este es el tipo de cosas que el Premio Nobel de la Paz estaba destinado a reconocer y premiar!“.
La trayectoria de Pillay
Abogada de origen indio en la Sudáfrica del apartheid que llegó a ser jueza y alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU (2008-2014), domina el arte de los casos difíciles.
Su carrera la llevó desde los tribunales sudafricanos, donde defendió a activistas como Nelson Mandela y consiguió derechos fundamentales para los presos políticos, hasta el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, pasando por la Corte Penal Internacional (CPI).
Pillay presidió la comisión encargada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de investigar las violaciones de los derechos humanos en los territorios palestinos y en Israel. De hecho en 2024 la CPI emitió una orden de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por presuntos crímenes de guerra en la Franja Gaza, y contra varios miembros del movimiento islamista palestino Hamas ya fallecidos.
Washington considera que la CPI es una institución “politizada”, y en la pasada Asamblea General de la ONU, en septiembre, Trump pidió a todos los países miembros “retirarse oficial e inmediatamente”.
En las redes sociales hay llamados pidiendo a Estados Unidos que la sancione, como hizo Washington con una relatora de la ONU, con jueces de la CPI y con ONGs palestinas.
En la actualidad Navi Pillay es magistrada de la Corte Internacional de Justicia en el caso en el que se acusa a Myanmar de genocidio.
El presidente del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes, afirmó al anunciar el premio que se observa actualmente un giro hacia un poder que se ejerce “en detrimento de los marcos legales y el respeto global al derecho y la justicia”.
La reacción de Israel
Pocas horas después del anuncio, Israel criticó la concesión del Premio Nobel a la jurista al afirmar que se legitimaba el “odio contra Israel” y que el propagandista nazi Joseph Goebbels debía estar “aplaudiendo desde el infierno”.
“Su papel en la implacable demonización de Israel por motivos políticos y en la promoción de la mentira del genocidio habla por sí solo. Otorgarle el Premio Nobel de la Paz a Pillay no es un reconocimiento de la justicia. Es el uso grotesco de un premio como arma para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”, publicó el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí de la administración de Netanyahu.
“Ahora que el Comité Nobel ha premiado la mayor mentira del siglo XXI, Joseph Goebbels sin duda estará aplaudiendo desde el infierno”, aseveró.
El informe presidido por Pillay concluyó que en Gaza se estaba produciendo un genocidio desde el inicio de la guerra desencadenada por el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023.
El informe también acusó a Netanyahu de “incitar a la comisión de genocidio”. Israel, que se negó a colaborar con el organismo desde su creación, rechazó categóricamente las acusaciones. “La responsabilidad recae en el Estado de Israel”, declaró Pillay a la AFP en 2025.
La abogada dijo también que su equipo había compartido “miles de elementos de información” con los fiscales de la CPI. El Comité Nobel se distanció de las conclusiones del informe sobre Gaza y aclaró que la distinción no supone avalar la calificación de genocidio.
“Es su informe, el informe de la comisión. Por supuesto, confiamos plenamente en su profesionalismo y su integridad, pero se trata del trabajo de una comisión de investigación de la ONU. La decisión corresponderá a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). […] El Comité Nobel no es un tribunal”, afirmó el presidente del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes al ser consultado sobre el tema.

