WASHINGTON.- El jueves por la noche en el National Mall de esta capital, cuando las dramáticas imágenes del impacto de los dos terremotos en Venezuela empezaban a inundar las redes sociales y los medios de todo el mundo, Donald Trump hizo una escueta mención al país caribeño al inaugurar las celebraciones por los 250 años de la independencia de Estados Unidos.
“En una hora, Venezuela estaba acabada”, recordó ante miles de simpatizantes sobre el operativo militar norteamericano que el 3 de enero capturó a Nicolás Maduro y que le imprimió un giro copernicano a las relaciones entre Washington y Caracas. El público bramó con la afirmación de Trump.
Con el correr de las horas, a medida que se iba revelando la dimensión de la catástrofe, Trump viró su atención sobre el nuevo escenario en Venezuela que, según los expertos, será una prueba de fuego para la alianza que mantiene con el régimen que lidera Delcy Rodríguez -los “nuevos y grandes amigos” de Estados Unidos, calificó el magnate- que podría incluso acelerar la tutela de hecho que ejerce la Casa Blanca.
Y será un proceso que, a la vez, enfrentará desafíos complejos, desde la gestión de la ayuda norteamericana que ya se está desplegando en el terreno, la ira con el gobierno chavista que ya empieza a emerger entre los venezolanos ante la catástrofe y, en el pantanoso frente político, un posible regreso al país de la líder opositora María Corina Machado, que Washington prefiere evitar.
“El impacto de lo los terremotos está acelerando algunos procesos que quizás hubieran tomado un curso más lento. Tal vez no el de una transición política en Venezuela, pero sí el de un involucramiento muy fuerte de diferentes organizaciones norteamericanas en distintas áreas“, señaló a LA NACION el politólogo Eduardo Gamarra, experto en América Latina de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), en Miami.
Gamarra sostuvo que antes de la catástrofe -que dejó por lo menos 1430 muertos– la intervención de la administración Trump estaba muy enfocada en impulsar las operaciones petroleras de empresas norteamericanas en el país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo (estimadas en 303.000 millones de barriles).
El viernes, durante un discurso en la conferencia conservadora de la Coalición por la Fe y la Libertad, en Washington, Trump recordó que la de Venezuela “fue una guerra de un día” tras “golpearlos con mucha fuerza”, y que Estados Unidos extrajo “millones de barriles de petróleo” que pagaron el operativo militar “con creces”.
Pero ahora, más allá del petróleo, Gamarra remarcó que el proceso de cooperación entre Washington y Caracas incluirá a ONG y a la sociedad civil venezolana, ampliará la participación de otros países en la reconstrucción y permitirá que Estados Unidos autorice operaciones financieras y logísticas para facilitar la llegada de asistencia internacional. Ese cambio, sostuvo, acelerará definitivamente el giro aperturista de la política estadounidense hacia Caracas.
El Departamento del Tesoro suspendió temporalmente parte de sus sanciones sobre Venezuela para facilitar la ayuda humanitaria, al autorizar hasta el 23 de octubre todas las transacciones relacionadas con las labores de rescate que, de lo contrario, habrían estado prohibidas.
Un alto funcionario de la administración Trump reveló este sábado que Estados Unidos planea habilitar esta semana otro paquete de ayuda multimillonario a Venezuela que se sumará a los 150 millones de dólares anunciados por el Departamento de Estado. Equipos de búsqueda y rescate norteamericanos ya están en el terreno, con capacidades militares coordinadas por el Comando Sur (Southcom, por sus siglas en inglés).
El propio secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, advirtió que la emergencia representa un “revés” para los esfuerzos de estabilización en Venezuela, pero prometió que la actuación de la Casa Blanca frente a la catástrofe “será una respuesta grande, rápida y eficaz”.
“Normalmente, ante un escenario así, y con un gobierno convencional, veríamos una respuesta masiva por parte de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional [Usaid]. Sin embargo, como ya no existe, la gestión de cualquier tipo de ayuda resultará mucho más compleja de lo que habría sido en otras circunstancias“, señaló a LA NACION el politólogo norteamericano Barry Ames, experto en América Latina de la Universidad de Pittsburgh.
“Al faltar el núcleo de lo que fue la arquitectura humanitaria de Usaid, se pone a prueba si Estados Unidos tiene la capacidad de brindar su ayuda fuera de esa estructura. Si se hace mal o de forma deficiente, todo esto podría parecer explotación y oportunismo”, dijo a The Washington Post Michael VanRooyen, director de la Iniciativa Humanitaria de Harvard.
En el plano político, la atención está puesta en cómo la desesperación de los venezolanos podría traducirse en una olla a presión sobre el régimen de Delcy Rodríguez, y en si un eventual retorno de Machado al país podría catapultar las tensiones políticas en un momento tan crítico.
“Dentro de esta tragedia, para quienes quieren acelerar el proceso de transición, la gran paradoja es que quizás el terremoto lo logre. Y que no es necesariamente lo que querría el gobierno de Estados Unidos“, dijo Gamarra.
La administración Trump quería un proceso lento, de apertura muy controlada, en el que la transición fuera “extraordinariamente controlada” por Washington, inclusive con la lógica de no tener que lidiar con Machado, señaló el especialista.
“En cambio, ahora no puedes parar su regreso a Venezuela, tiene que ser parte de esta reconstrucción. Muchos venezolanos quieren que ella esté ahí. Y Trump tendrá que manejar esa situación de alguna manera», añadió.
Malestar con Machado
Este sábado, la agencia Reuters reveló que un nuevo esfuerzo de Machado para obtener ayuda de Estados Unidos para volver a Venezuela en medio de la catástrofe está causando frustración entre altos funcionarios en Washington.
En los últimos días, según indicó un alto funcionario bajo condición de anonimato, Machado contactó a varios integrantes de la administración Trump en la Casa Blanca y el Departamento de Estado, así como a miembros del Congreso, para pedir ayuda que facilite su retorno a Venezuela.
“Apoyamos su regreso a Venezuela, pero ¿tiene que ser justo 24 horas después de una catástrofe humanitaria masiva en la que la cifra de muertos sigue aumentando?”, declaró el funcionario citado por Reuters.
“Sin dudas aumentará la presión sobre el régimen, pero como se sabe ni Rodríguez ni Trump quieren elecciones. Es cierto que, una vez superada la emergencia, la situación podría cambiar, pero sigue tratándose de una dictadura y resulta difícil que esa presión llegue a manifestarse realmente“, estimó Ames, que afirmó además que “es el momento” para un regreso de Machado al país si quiere mantener sus aspiraciones políticas.
Los especialistas remarcan que Estados Unidos sabe que si a Delcy Rodríguez le va mal en el manejo de la crisis repercutirá en las posibilidades de sostenerla en el poder. “Las personas que manejan Venezuela son nuestra gente”, dijo Trump esta semana, en otro espaldarazo a la presidenta encargada.
Anoche, ambos líderes y Rubio dialogaron por teléfono. “Reafirmaron el apoyo de Estados Unidos durante este momento difícil para Venezuela”, sostuvo la dirigente chavista.
“Pero, a la vez, Machado está haciendo el mismo cálculo. Ella tiene que estar ahí, ser vista como la persona que movilizó los recursos y que estuvo junto a la gente en la recuperación”, dijo Gamarra.

