Según la AFA, todo es una malvada estrategia mediática para ensuciar la imagen impoluta del fútbol argentino, ese universo donde nunca pasó nada raro: ni sobres, ni pases turbios, ni goles anulados a último minuto cuando juega Boca o River. Pero ahora, justo ahora, vienen a inventar que hay 42 millones de dólares paseando por empresas fantasma. ¡Ay, Dios mío, qué imaginación la del periodismo argentino! ¡Dejen de escribir ciencia ficción!
El comunicado oficial, con tono de juez de la Corte en modo “no me vengan a enseñar derecho”, aseguró que la relación con esa empresa en EE. UU. es más legal que ticket de estacionamiento de media hora. Incluso dijeron que hasta en tribunales ya los revisaron: “no encontraron nada raro”, lo que en Argentina es equivalente a decir “no aparecieron pruebas todavía, pero gracias por preguntar”.
También avisaron que todo esto proviene de “viejas denuncias archivadas”, que ahora algunos medios decidieron reciclar, porque claro: está caro el papel, hay pocas noticias y es fin de año. Algo hay que poner en la portada, aunque sea Chiqui Tapia defendiendo un contrato firmado en una servilleta mientras comía asado.
El texto concluye afirmando que la sociedad merece “información seria”. Sí, serio como el fixture de la Copa Argentina que te hace jugar en Chaco un miércoles a las tres de la tarde. Serio como prometer que la Selección jugará en todas las provincias y después traerla a Buenos Aires porque hay más sponsors.
Pero bueno: ojalá todo fuese tan fácil como una conferencia de prensa. Porque mientras la AFA pelea contra fantasmas mediáticos, uno no puede evitar preguntarse: ¿y si los millones también fueran fantasmas? Eso sí sería justicia poética. Y casi futbolística.

