Durante el Mundial 2026, Mia Khalifa pareció convertirse en la hincha número uno de cualquier selección que enfrentara a la Argentina. Si jugábamos contra Egipto, era egipcia. Si tocaba España, aparecía con la roja. Si existiera un combinado de Marte, probablemente también le habría hecho fuerza.
Más que analizar fútbol, su estrategia fue convertir cada partido de la Selección en una oportunidad para lanzar comentarios políticos. Para muchos, dio la impresión de que confundió a la Scaloneta con una embajada.
Su postura pública sobre el conflicto entre Israel y Palestina es conocida desde hace años, y la cercanía del gobierno argentino con Israel parece haber alimentado su enfrentamiento con todo lo que lleve la camiseta celeste y blanca. Una lógica bastante curiosa: hacer responsable a once futbolistas por las decisiones de un gobierno.
Al final, mientras la Selección llegó hasta la final del Mundial, Mia Khalifa volvió a conseguir lo que mejor sabe hacer: convertirse en tendencia. Cambian los escenarios, pero no la búsqueda de protagonismo.

