La contaminación del aire ya no aparece solamente como un problema ambiental. Nuevas evidencias científicas muestran que también puede generar modificaciones detectables dentro del organismo mucho antes de que aparezcan los primeros signos de una enfermedad.
Investigadores de la Sociedad Americana contra el Cáncer y de la Universidad Emory analizaron muestras de sangre de personas que inicialmente no tenían cáncer y encontraron alteraciones en distintas sustancias vinculadas con el funcionamiento del organismo. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Communications.
El estudio siguió a 1.357 personas, de las cuales 671 desarrollaron cáncer de pulmón posteriormente. Los científicos analizaron más de 1.100 metabolitos, pequeñas moléculas que participan en numerosos procesos químicos del cuerpo, y observaron cambios asociados con una mayor exposición a contaminantes atmosféricos.
Uno de los aspectos más importantes del trabajo es que las modificaciones detectadas no necesariamente aparecen cuando la enfermedad ya está instalada. Pueden estar presentes años antes del diagnóstico.
Los investigadores encontraron alteraciones relacionadas con procesos como la inflamación, el estrés oxidativo, el metabolismo energético y los mecanismos mediante los cuales el organismo procesa sustancias potencialmente dañinas.
El estrés oxidativo, por ejemplo, puede provocar daños celulares y afectar el ADN. Con el paso del tiempo, estas alteraciones pueden contribuir al desarrollo de enfermedades, entre ellas determinados tipos de cáncer.
El tabaquismo continúa siendo uno de los principales factores asociados al cáncer de pulmón, pero la investigación pone el foco en otro elemento que afecta a millones de personas: el ambiente en el que viven y respiran.
Los especialistas remarcan que una proporción importante de los casos de cáncer de pulmón ocurre en personas que nunca fumaron o que no reúnen actualmente los criterios utilizados para acceder a los estudios de detección temprana.
Por eso, comprender el impacto de factores ambientales como la contaminación podría ayudar a identificar a personas que hoy no son consideradas de alto riesgo.
Todavía no. Los resultados son importantes, pero necesitan ser confirmados mediante nuevas investigaciones.
Una de las posibilidades que analizan los científicos es desarrollar en el futuro biomarcadores sanguíneos capaces de identificar a personas con mayor riesgo antes de que aparezcan síntomas o lesiones visibles.
Si estos resultados se confirman, podrían abrir una nueva etapa en la prevención del cáncer de pulmón: una etapa en la que no solo se tenga en cuenta el consumo de tabaco, sino también la exposición ambiental acumulada.
La contaminación atmosférica, entonces, podría dejar de ser vista únicamente como una amenaza para la calidad del aire y convertirse en un factor más a considerar dentro de las estrategias de prevención y detección temprana.
El mensaje de fondo es claro: lo que respiramos puede dejar señales en nuestro organismo mucho antes de que podamos percibirlas.

