WASHINGTON.- El economista y diplomático sueco Dag Hammarskjöld, que lideró las Naciones Unidas entre 1953 y 1961, extendió el concepto de que el secretario general del organismo multilateral, fundado al término de la Segunda Guerra Mundial, era “una especie de papa laico y, gran parte del tiempo, un pontífice sin iglesia”. De allí que tiempo después surgieran las comparaciones del proceso de elección de ese puesto basado en Nueva York con el del cónclave en el Vaticano, con rondas de votaciones secretas que definen una intrincada partida de ajedrez geopolítica de dimensión global.
En ese proceso está sumergida ahora la ONU, que en uno de los momentos más críticos de su historia -y en un mundo en especial convulsión- busca al sucesor del portugués António Guterres, en una carrera que tiene entre sus protagonistas centrales al diplomático argentino Rafael Grossi y que se definirá antes de fin de año.
Aunque las primeras dos “votaciones indicativas” a puestas cerradas del Consejo de Seguridad arrojaron pistas sobre las posibilidades de los -hasta ahora- ocho postulantes, también desataron un sinfín de especulaciones en una elección que, según analistas especializados en la ONU consultados por LA NACION, aún está lejos de tener un final claro a la vista y en la que ni siquiera es posible descartar la irrupción de un candidato sorpresa.
El 21 de agosto, en la última ronda exploratoria entre los 15 miembros del Consejo -de los cuales Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña tienen poder de veto-, la excanciller guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett quedó con ventaja por delante de la exvicepresidenta costarricense Rebeca Grynspan y de Grossi, aunque en una votación con bemoles.
“Por un lado, está claro que esos tres candidatos se distanciaron de los demás. Sin embargo, ninguno lo hizo hasta el punto de ser considerado un claro líder o un favorito indiscutible. El hecho de que ninguno de los más votados en la primera ronda lograra consolidar sus apoyos de manera significativa sugiere que la contienda sigue siendo muy reñida, y que sin duda hay margen para que otras personas que estén sopesando entrar en la carrera decidan hacerlo”, señaló a LA NACION el internacionalista norteamericano Daniel Forti, que como jefe de Asuntos de la ONU del Grupo Internacional de Crisis supervisa sus investigaciones, en Nueva York.
El proceso es muy complejo y está plagado de variables, con un peso decisivo de los miembros permanentes (conocidos como P5). En las votaciones, los 15 miembros del Consejo asignan de manera anónima a cada aspirante una calificación con boletas del mismo color: “apoya”, “no apoya” o “sin opinión”. Para imponerse en la ronda final -que no tiene fecha definida-, un candidato necesita reunir al menos nueve votos en el Consejo y evitar el veto de cualquiera de los P5. Tras ese respaldo, la Asamblea General suele ratificar al aspirante recomendado.
Si bien Rodrigues-Birkett quedó primera en la última ronda, respecto a la anterior votación perdió un “apoya” (pasó de nueve a ocho) y sumó un “no apoya” (subió a tres), con cuatro “sin opinión”. Grynspan, que había tenido un gran arranque, cedió terreno al perder tres respaldos (bajó a siete) y sumar tres rechazos (subió a cuatro). Y Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), mantuvo los votos positivos (siete), pero subió en cuatro los “no apoya” (a seis).
De acuerdo a Forti, ello sugiere que Grossi “todavía tiene camino por recorrer para convencer a la mayoría de los miembros del Consejo de que él podría ser su opción preferida” para el cargo.
“Es difícil especular sobre el grado de apoyo con el que cuenta Grossi, ya que, en esta etapa, desconocemos si los votos en contra provienen de miembros del P5. Es pura especulación o conjetura”, agregó, prudente, el experto.
Por lo bajo, cerca de los candidatos creen que a esta altura de la carrera la mayoría ha recibido algún “no apoya” de miembros del P5, pero que por el momento eso es una estrategia de las potencias para marcar la cancha en la votación. Se prevé que la próxima ronda sea a mediados de septiembre, antes del inicio de la asamblea general en Nueva York, y más adelante se pasará a la fase en la que el P5 ejerza su poder de veto con boletas con distinto color.
Daniel Safran-Hon, que se desempeñó en distintos cargos dentro de la oficina ejecutiva del secretario general durante el último año de Ban Ki-moon y los primeros seis de Guterres, y en misiones en el terreno, interpretó que con los cambios de la primera votación a la segunda el Consejo “está diciendo discretamente que no está muy satisfecho” con ninguno de los candidatos.
“Esto no significa que alguno de ellos no pueda recuperar impulso. Pero estamos en terreno desconocido, porque en los últimos 30 años todos los favoritos siempre se mantuvieron por encima de los nueve votos. Grynspan empezó bien, pero luego bajó; Rodrigues-Birkett ganó algo de impulso, pero no superó los nueve votos; y Grossi se enfrenta a una batalla cuesta arriba, ya que sus apoyos no aumentaron, pero sí los votos en contra”, señaló el asesor del Instituto Internacional para la Paz (IPI).
Además, el especialista hizo hincapié en las últimas críticas públicas del Kremlin hacia Grossi, que por su rol como director general del OIEA mantiene una activa labor de mediación ante los riesgos en la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, ocupada por fuerzas rusas desde 2022 tras la invasión a Ucrania.
La vocera de la Cancillería rusa, Maria Zakharova, dijo que le sorprendieron las declaraciones del diplomático argentino sobre que la ONU “perdió su relevancia y está muriendo lentamente”, las calificó de “enormemente exageradas” y afirmó que están dirigidas a ampliar el apoyo a su candidatura.
“Cabe recordar que el OIEA forma parte de la ONU.¿Quizás se refería a sí mismo, a su propia secretaría y a su entorno?“, se preguntó la semana pasada Zakharova, quien el jueves reforzó los dardos a Grossi.
La vocera calificó su enfoque sobre Zaporiyia como una “táctica de avestruz”, al criticar a “los responsables de organismos como el OIEA que no logran ver de dónde provienen los proyectiles” en la zona de la planta nuclear.
“Fue bastante sorprendente, por ser una crítica dura y de forma muy personal”, evaluó Safran-Hon. “Ni Rodrigues-Birkett ni Grynspan han recibido críticas tan abiertamente de ningún miembro del P5, pero, al mismo tiempo, todavía no cuentan con el impulso suficiente para ganar la contienda”, amplió.
En una reciente entrevista con LA NACION, Grossi, que se muestra “optimista” sobre sus chances, sostuvo sin embargo que “no hay ninguna base” para sostener que Rusia o China podrían objetar su candidatura por sus posiciones en el marco de su tarea en los conflictos en Ucrania e Irán, que en último tiempo bloqueó el acceso del OIEA a sus instalaciones nucleares.
“Mantenerse en el cargo mientras se hace campaña para la secretaría general te proporciona una plataforma, prestigio y contactos. Pero, al mismo tiempo, cualquier pequeño error puede tener graves consecuencias para dicha candidatura”, evaluó Brett Schaefer, investigador sobre temas de la ONU del American Enterprise Institute, un think thank en Washington.
Forti remarcó que el hecho de que Grossi -de 65 años y cuya candidatura tuvo un fuerte respaldo del gobierno de Javier Milei– haya recibido seis “no apoya” en la segunda votación no significa que vaya a sumar exactamente la misma cantidad en futuras rondas.
“Nada es definitivo. Esta es la fase del proceso en la que el P5 y el resto de los miembros del Consejo maniobran y negocian para apoyar a sus candidatos preferidos, usando esos votos de desaliento como moneda de cambio”, explicó.
El hecho de que Gran Bretaña integre el P5 -con derecho a veto- también generó dudas sobre qué postura podría tomar sobre la candidatura de Grossi, en medio de las renovadas tensiones en la disputa con la Argentina por las islas Malvinas.
“Los británicos nunca admitirían abiertamente que esa es la razón por la que podrían oponerse a él, ya que a los miembros del Consejo les suele gustar presentar sus posturas como una defensa del bien común”, dijo Safran-Hon. Grossi ha destacado el “trabajo muy serio” que desarrolla con Londres y no lo considera un obstáculo a su candidatura.
Negociación entre bastidores
Laurie Nathan, experto del Instituto Kroc de Estudios Internacionales para la Paz, de la Universidad de Notre Dame, cree que, si bien resulta de valor analizar las variaciones entre las primeras votaciones, “entre bastidores ya está empezando el proceso de negociación entre los miembros del P5″, que en última instancia determinará el resultado. “En la elección prevalecerá la cautela”, añadió.
Para todos los candidatos, el equilibrio es delicado en una campaña marcada por las profundas divergencias en el P5 en temas cruciales, como los conflictos en Medio Oriente, la guerra entre Rusia y Ucrania, y la pulseada por el plan nuclear iraní, además de la pérdida de influencia de la ONU y las fuertes críticas del presidente Donald Trump al organismo, para el que pretende una reestructuración con más recortes de fondos (Estados Unidos es el principal contribuyente, al aportar casi un cuarto del presupuesto regular).
“Los candidatos deben satisfacer a todos los miembros del P5 para evitar ser vetados. Esto implica que, independientemente de sus convicciones genuinas, todos deben cortejarlos y atender sus inquietudes e intereses. Esa tensión se agudiza especialmente con la administración Trump, que actúa de forma intimidatoria y desea un secretario general que no esté comprometido con el multilateralismo”, explicó Nathan.
“Si eres miembro del P5, solo hay una consideración que te importa: tus propios intereses. Por tanto, quieren un secretario general que no suponga ninguna amenaza para esos intereses, que no altere el statu quo”, sugirió el especialista.
Grossi ha impulsado su campaña con llamados a una reforma profunda de la ONU para que recupere su protagonismo en la escena global.
Según la tradición geográfica de alternancia entre continentes, el puesto recaería en alguno de los candidatos de América Latina luego de 36 años, tras el mandato del peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991), mientras que hay diversos sectores -y también miembros del Consejo- que presionan para que, por primera vez, una mujer asuma como secretaria genera de la ONU.
Los especialistas señalan que esa variable no ha calado tanto dentro del P5 -solo China, que dio señales de apoyo a Rodrigues-Birkett, indicó que le “agradaría” que una mujer sea electa-, pero sí dentro de algunos de los actuales diez miembros no permanentes del Consejo, como Dinamarca y Letonia (Bahréin, Colombia, Grecia, Liberia, Pakistán, Panamá, la República Democrática del Congo y Somalia son los restantes).
La aspirante guyanesa (52 años) se desempeña como representante permanente de su país ante Naciones Unidas desde 2020, y Grynspan (70), de licencia de su cargo como directora de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), es vista como una candidata de continuidad que cuenta con el apoyo tácito de Guterres.
“El Consejo está más polarizado que nunca. Así que creo que esta carrera por el liderazgo de la ONU llevará más tiempo. Será más intrigante que las anteriores”, señaló Safran-Hon, que calificó a la próxima ronda como “crucial” para el factor sorpresa.
Si una vez más ningún candidato lograra cobrar impulso más allá de los nueve votos, es posible que quienes observan la contienda desde fuera, evaluando si participar, decidan finalmente sumarse, consideró.
“Se necesita a alguien con peso propio y prestigio ante el Consejo, porque si eres un desconocido para ellos y careces de la suficiente autoridad, fracasarás. Es una situación compleja”, dijo Safran-Hon. “El candidato ideal, aquel que busque lograr un consenso, debe desenvolverse con suma cautela, casi como si estuviera entre la espada y la pared”.
Schaefer, por su parte, aventuró que el sucesor de Guterres no estaría entre los candidatos actuales. “Es probable que veamos a otros aspirantes sumarse a la contienda en las próximas semanas. Si surgiera ese candidato sorpresa, probablemente sería alguien conocido por los embajadores o las misiones en Nueva York”, dijo a LA NACION.

