El ídolo sanjuanino regresó al TC2000 para vivir una jornada cargada de emoción. Con el histórico número 58, largó desde el fondo, completó la carrera homenaje y recibió una ovación inolvidable en la Quebrada Rugiente.
Hay regresos que van mucho más allá de una carrera. El de Henry Martin a El Zonda fue uno de ellos.
A los 61 años, el piloto sanjuanino volvió a ponerse al volante de un auto de TC2000 y lo hizo en el escenario que tantas veces lo tuvo como protagonista. Esta vez, con un significado especial: el homenaje de su gente, en su casa y ante un autódromo colmado de emoción.
Henry largó desde la última posición con el histórico número 58. No tenía la obligación de demostrar nada, pero salió a pista como siempre: dejando todo. Completó los 35 minutos de competencia y, después de la bandera a cuadros, recibió lo que quizás terminó siendo el verdadero premio del domingo: una ovación que bajó desde los cerros de la Quebrada Rugiente.
El momento tuvo además el peso de una trayectoria extraordinaria. En El Zonda aparecieron los recuerdos de sus comienzos en el karting, de sus años en el automovilismo nacional, de aquel campeonato de TC2000 de 1997 y hasta de haber compartido pista con Ayrton Senna. Todo pareció concentrarse en una sola jornada.
El esfuerzo también se sintió en el cuerpo. Al bajar del Toyota Corolla, Henry necesitó asistencia para recuperarse del desgaste físico de una carrera que afrontó con la intensidad que siempre lo caracterizó. Pero la escena ya estaba completa: había vuelto a correr en San Juan y El Zonda le había devuelto el cariño de su gente.
La carrera quedó en manos de Lucas Carabajal, quien consiguió su primera victoria en el TC2000. Vivian terminó segundo y Rossi completó el podio. Pero en El Zonda, ese domingo, hubo una historia que fue mucho más allá de los resultados.
Porque para Henry Martin, la carrera ya estaba ganada antes de largar.

