Empezar nuevamente del suelo tras haber tocado el cielo con las manos. Héctor Ártico puede dar un masterclass de ello al haber atravesado enormes altibajos en su vida personal.
De la gloria futbolística con River, club con el que fue tricampeón con el equipo de Ángel Labruna entre 1975 y 1977, a manejar un remís.
Ártico, en su etapa dorada con River.
Al finalizar su carrera, Ártico adquitó siete propiedades. De ellas debió vender cuatro para afrontar un costoso tratamiento de salud para su padre, que padecía cáncer. Las tres restantes se las quedó su pareja al separarse.
Héctor Ártico y Roberto Perfumo, tapa de El Gráfico en 1975.
El Gringo dio sus primeros pasos en Talleres, club al que llegó mientras trabajaba en una bodega. Su rendimiento llamó la atención de Labruna, que lo tuvo en Córdoba y lo pidió en su paso por el Millonario.
Tras colgar los botines, Héctor Ártico comenzó como remisero en Buenos Aires y actualmente está radicado en Colonia Caroya, Córdoba, donde continúa con el mismo rubro.
«Laburo de lunes a lunes y no tengo ningún problema. El retiro nos cuesta a todos pero desde chico tenía incorporada la cultura del trabajo», señaló en diálogo con Infobae.
De futbolista a remisero, la historia de vida de Héctor Ártico.
FOTO DE PORTADA: El Gráfico

