Como si fuera juez, jurado y comentarista oficial del Mundial, soltó líneas del tipo “¡Verón usó a sus jugadores como esclavos!”, lo cual es básicamente acusar a la Brujita de dirigir un campamento de entrenamiento estilo Spartacus versión fútbol argentino.
Mientras tanto, en el otro rincón del ring… tenemos a Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes. Lo que empezó como un pasillo de espaldas a Rosario Central (sí, ¡literalmente se dieron vuelta!) ahora es material digno de Netflix. Resulta que por ese gesto les cayeron sanciones serias:
Verón suspendido 6 meses de cualquier cosa relacionada con el fútbol.
Jugadores sancionados por dos fechas por no hacer las reverencias protocolares.
Verón, que podría haber elegido quedarse tranquilo y ver una telenovela, en cambio declaró que la AFA lo quiere “quieto” (como amigo que siempre te dice que no salgas de casa). Según él, todo es parte de una “campaña en su contra”… casi como si Chiqui Tapia tuviera un walkie talkie y dijera: “¡Atención, operación ‘Silenciar a Verón’, al ataque!”.
La familia también se subió al tren del escándalo:
Instagram explotado.
Mensajes eliminados.
Dardos contra Messi (sí, Messi).
Y para ponerle más picante, hasta el hijo de Verón entró a hacer de portavoz del clan, diciendo que todo es una mafia futbolística estilo película de gánsteres (solo que con más camisetas y menos balas).
Al final, el fútbol argentino dejó de ser un deporte… para convertirse en una telenovela con secundarios de reality show, donde un pasillo de espaldas vale más que un VAR explosivo y cualquier guion de comedia romántica.

