Las empresas de colectivos MAYO y El Libertador decidieron innovar. Mientras el mundo prueba colectivos eléctricos, inteligentes y autónomos, ellas presentaron un invento mucho más económico, el colectivo invisible.
La propuesta es brillante. El pasajero (O sea, el gil de turno) paga el boleto, pero el colectivo queda librado a la imaginación.
—¿A qué hora pasa el 2.458.999?
—Según el cronograma…….. hace media hora.
—¿Y dónde está?
—Participando de la grabación de «Indiana Jones y los Cazadores del Colectivo Perdido».
Las empresas explicaron que bajaron las frecuencias por un conflicto económico, una estrategia empresarial digna de un restaurante que, porque discute con el proveedor de carne, decide dejar de servir milanesas, no buscar otro proveedor.
Los únicos que no participaron de esta produccion internacional, fueron, curiosamente, los pasajeros. Ellos simplemente se encontraron con la sorpresa de que el colectivo había decidido tomarse vacaciones de julio sin avisar.
En las paradas ya no hacía falta consultar la aplicación. Bastaba con mirar al horizonte y repetir la frase de siempre; «Capaz que en la próxima hora viene…»
Mientras tanto, las empresas sanjuaninas compiten por el premio al Campeonato Mundial de pasarse las frecuencias obligatorias por las pelotas, donde resultaron amplias ganadoras, y ya hay quienes quieren pasear a los empresarios de ATAP en el camión de los bomberos tocando la sirena hasta la Plaza 25, para festejar el triunfo.
—¿Cada cuánto pasa el colectivo?
—Cada vez que se alinean los planetas, Mercurio deja de estar retrógrado y un unicornio consigue estacionamiento. Los usuarios empezaron a sospechar que el servicio había sido reemplazado por una experiencia espiritual, «El colectivo no se ve pero hay que tener fe.» decía un pasajero que tenía una remera con la cara del negro Olmedo diciendo «Adianchi…, Adianchi»
En algunas paradas ya se organizan visitas guiadas; «A su derecha podrán observar el lugar exacto donde pasó un colectivo el martes pasado. Los vecinos todavía hablan de ese milagro.» Los pasajeros pierden la paciencia y los manosantas dueños de las empresas parecen aplicar una novedosa teoría administrativa, «Si circulan menos colectivos, también circulan menos reclamos, porque la gente ya llega caminando a donde quiere ir, y nosotros tenemos el subsidio en el bolsillito»
El problema es que el plan tiene un pequeño detalle, los pasajeros no viajan con el teletransporte del Capitán Kirk de Viaje a las Estrellas. Todavía viajan en colectivos. Al final llegaron las sanciones. Y las empresas descubrieron una verdad tan antigua como la rueda. Si tu negocio es transportar personas, el detalle de poner colectivos en la calle no debería ser considerado un servicio premium. Cobrar por un servicio que no prestás tiene otro nombre, es como felicitar a un restaurante por tener platos. Vender humo sería más honesto; al menos no promete llegar a horario a ninguna parte.

