El destino y las Copas del Mundo suelen construir historias mínimas que desafían cualquier lógica, pero pocas son tan perfectas como la sociedad futbolera que unió a Juan Román Riquelme y Lionel Messi. Ambos cracks nacieron un 24 de junio y aquella increíble coincidencia biológica cobró una dimensión histórica inigualable durante el Mundial de Alemania 2006, cuando les tocó festejar sus respectivos natalicios en plena concentración albiceleste y el mismo día de un cruce decisivo de octavos de final.
La efeméride se transformó en leyenda el 24 de junio de 2006 en Leipzig, la tarde en que la Selección Argentina venció con agonía por 2 a 1 a México gracias al memorable gol de Maxi Rodríguez en el tiempo suplementario.
Aquella jornada, el plantel comandado por José Pekerman realizó un brindis íntimo tras el almuerzo para agasajar a sus figuras y guardó los festejos mayores para después de sellar la clasificación a cuartos de final. Riquelme, el director de orquesta que brillaba en el Villarreal de España, sopló 28 velitas siendo el eje del equipo, mientras que la Pulga, el pibe de oro que estaba en boca de todo el planeta, celebró sus 19 años ingresando desde el banco de relevos a los 38 minutos del segundo tiempo para revolucionar el ataque nacional.
Curiosamente, el otro integrante de aquella delegación que también festejó años en tierras germanas fue Javier Mascherano, el baluarte del Corinthians que había soplado 22 velas el 8 de junio, apenas dos días antes del estreno absoluto frente a Costa de Marfil. Sin embargo, el lazo entre el diez y el diecinueve de esa Copa del Mundo trascendía las tortas de cumpleaños; venía madurando desde una famosa entrevista previa al certamen en la que un micrófono abierto captó la esencia de su relación. Ante la pregunta periodística de si el joven del Barcelona podía usar la mítica camiseta número 10 de la Selección, Román le sintonizó por lo bajo un compinche «Vos decí que sí, boludo», marcando el inicio de un padrinazgo lleno de códigos y admiración mutua.
Esa complicidad absoluta en el vestuario se tradujo en una marca estadística descomunal y única en la historia de los Mundiales durante la fase de grupos de esa misma edición. En el inolvidable triunfo por 6 a 0 sobre Serbia y Montenegro, los astros unieron sus nombres en un registro intocable. Mientras Lionel Messi hacía su debut oficial en las redes mundialistas al marcar el sexto tanto definitivo tras un pase entrelazado de Carlos Tevez, Juan Román Riquelme firmó una obra de arte conceptual al no errar ni uno solo de los 106 pases que intentó a lo largo de los 90 minutos de juego.
Aquel registro de Román se mantiene hasta el día de hoy como el porcentaje de efectividad en pases más alto para un futbolista con más de un centenar de ejecuciones en un partido de Copa del Mundo desde que se toman métricas modernas.
Hoy, mientras Messi continúa agigantando su leyenda en el Mundial 2026 consolidado como el máximo artillero histórico de la competición tras su doblete ante Austria, el recuerdo de Alemania 2006 brilla con luz propia. El abrazo de aquel 24 de junio en Leipzig permanece inalterable en el tiempo, como el testimonio fiel de dos genios que compartieron el mismo día de nacimiento, el mismo búnker y una jornada de gloria inolvidable para el fútbol argentino.

