CEUTA.– Los migrantes que nadaron o saltaron vallas para entrar esta semana al enclave de Ceuta debieron volver a casa luego de que el hambre, el agotamiento y la hostilidad de los lugareños destrozaran sus esperanzas de una nueva vida en Europa, según su dramático relato.
Quienes regresaban dijeron que inicialmente se habían sentido atraídos por videos virales en las redes sociales y mensajes de amigos que sugerían que la frontera, fuertemente vigilada, podía cruzarse. Pero tras llegar a Ceuta, muchos dijeron que no encontraron la manera de continuar hacia la España peninsular.
“Vinimos para progresar, no para que nos engañaran”, dijo Brahim, un panadero de Fez que dejó su trabajo y cruzó la frontera tras ver videos de miles de personas haciendo lo mismo. “Pensaba que allí construiría un futuro mejor. Pero me llevé una sorpresa en Ceuta”.
Brahim contó que sobrevivió tres días solo con agua y que no podía permitirse los elevados precios de la comida en el lado español. “¿Cómo es posible que un sándwich de atún costara 100 dirhams (10,75 dólares)?”, se preguntó.
En Fnideq, la ciudad marroquí frente a Ceuta, las calles que conducían al paso fronterizo estaban casi vacías, en contraste con las miles de personas que se congregaron el jueves. Ahora los jóvenes se alejaban caminando de la frontera o esperaban taxis que los sacaran de la ciudad.
Los testimonios de los retornados incluían repetidas quejas sobre supermercados y tiendas cerradas, lo que los obligaba a buscar comida y agua mientras su ropa empapada se secaba en las calles. “Ceuta era como una prisión; no había nada que hacer. Todo estaba cerrado”, dijo un trabajador del puerto marroquí de Tánger Med, que prefirió no dar su nombre porque tenía que volver al trabajo.
Algunos migrantes también acusaron a los residentes de El Príncipe, un barrio predominantemente marroquí de Ceuta, de atacarlos o expulsarlos. El camarero marroquí Yassine Ichou describió haber sido golpeado y expulsado de ahí. “Nos impusieron un cerco para obligarnos a abandonar Ceuta por nuestra cuenta. Lograron su objetivo”, añadió, refiriéndose al cierre generalizado de comercios.
El Ministerio del Interior de España informó que dos personas sufrieron heridas leves por ataques con arma blanca en dos incidentes separados y que la policía había arrestado a uno de los agresores.
Rachid, un trabajador de un hotel de Fnideq cerca del paso fronterizo, dijo que los seis empleados de cocina se habían marchado a Ceuta durante el momento álgido de la afluencia de turistas y que ninguno había regresado, lo que obligó a la gerencia a buscar reemplazos.
Demostración de seguridad
Al otro lado de la frontera, en Ceuta, los cafés reabrieron y los clientes acudieron en masa a medida que la ciudad recuperaba gradualmente la normalidad. La mayoría de los comercios permanecieron cerrados, mientras había patrulleros recorriendo las calles en una visible demostración de seguridad.
“Hemos tomado la iniciativa de abrir porque, en definitiva, la vida tiene que volver a su ritmo normal, pero nuestra seguridad y la de nuestro personal siempre es lo primero”, dijo Marina Castaño, de 24 años, cuyos padres son dueños de dos cafeterías en el centro. Algunos residentes comentaron que la situación en las afueras seguía siendo tensa.
Un trabajador humanitario de un centro de acogida de migrantes dijo que estaba lleno y no podía recibir a más personas, estimando que miles permanecían en el enclave.
Tito, dueño de una ferretería cuyo negocio seguía cerrado, dijo que la repentina llegada de tanta gente había dejado a los lugareños asustados pero también solidarios. “Te sientes abrumado y, al mismo tiempo, impotente”, dijo. “Esos jóvenes están siendo completamente explotados. Los están usando como moneda de cambio”.
Mohamed Ahmed, un sudanés de 43 años, contó que un camión lo dejó a él y a otros migrantes cerca de la frontera y luego nadó durante cuatro horas para llegar a Ceuta. Dijo que la policía les impedía acceder al centro de acogida de migrantes, pero él seguía decidido a quedarse en España.
“No voy a volver. Prefiero morir intentándolo aquí”.

