Según trascendió, el arma viajaba cómodamente en el móvil rumbo al Instituto Nazario Benavídez, pero en algún momento habría dicho: «Hasta aquí llego, muchachos», y se bajó sin avisar.
Los efectivos aseguran que no vieron nada raro. La escopeta, por su parte, tampoco dejó una nota ni compartió ubicación en tiempo real.
Ahora la Policía investiga si fue robada, si se extravió o si está cumpliendo el sueño de toda arma reglamentaria: tomarse unas vacaciones sin pedir permiso.
Fuentes no confirmadas indican que la escopeta habría sido vista consultando precios de pasajes y buscando cómo cambiar de identidad. Mientras tanto, el patrullero atraviesa un difícil momento emocional y todavía repite: «Yo la tenía hace cinco minutos».
La búsqueda continúa. Si alguien encuentra una Remington con ganas de aventura, se ruega avisar antes de que abra una cuenta en redes sociales y se convierta en influencer.

